que desates nuestras manos,
pues que las tuyas no son
como las que nos ataron,
de malicia y de traición.—
Estando en estas palabras
el buen Ordoño llegó
en hábito de romero
de orden del Cid su señor:
prestamente las desata
disimulando el dolor.
que desates nuestras manos,
pues que las tuyas no son
como las que nos ataron,
de malicia y de traición.—
Estando en estas palabras
el buen Ordoño llegó
en hábito de romero
de orden del Cid su señor:
prestamente las desata
disimulando el dolor.