Ellas que lo conocieron

juntas lo abrazan las dos;

llorando las dice:—Primas,

secretos del cielo son

cuya voz y cuya causa

está reservada á Dios.

No tuvo la culpa el Cid,

que el Rey se lo aconsejó;

mas buen padre tenéis, dueñas,

que vuelva por vueso honor.