en la sarracena gente

os traje siempre cebadas.

Á los Condes mis dos yernos,

por ser joyas tan preciadas,

vos dí, y ellos ¡mal pecado!

os tienen de orín manchadas.

Non érades para ellos,

que vos traían afrentadas,

por de dentro muy fambrientas,

por de fuera pavonadas.