en hecho tan afamado,
suplicando á Dios del cielo
que siempre esté de su bando,
y de peligro tan grande
con honra lo saque salvo.
Cuando el Cid no se cató
un hombre vido á su lado,
el rostro resplandeciente,
cano, crespo y muy honrado,
tan blanco como la nieve,