mi razón, ni á la voz mía
tu justo oído le cierres.
Bien sabes, valiente rey,
y cuántos estáis presentes,
que esa presa es de cristianos
y no es justo que la lleves.
Las guerras que traen contigo
son causa para ponerte
siempre la espada en la mano,
por su daño, y con sus muertes.