de lo que le aconteciera;

mas un hombre á él venía

vestido de blancos paños;

desta manera decía:

—¿Duermes ó velas, Rodrigo?

—No duermo, le respondía;

pero, dime tú, ¿quién eres,

que tanto resplandecías?

—San Lázaro soy, Rodrigo,

que yo á fablarte venía.