El joven se adelantó con faz risueña.

—El coronel Sarto—dijo presentando a su compañero.—Y yo soy Federico de Tarlein; ambos al servicio del rey de Ruritania.

Me incliné y dije descubriéndome:

—Mi nombre es Rodolfo Raséndil y soy un viajero inglés. También he sido por dos años oficial del ejército de Su Majestad la Reina.

—Pues en tal caso somos hermanos de armas—repuso Tarlein tendiéndome la mano, que estreché gustoso.

—¡Raséndil, Raséndil!—murmuró el coronel Sarto. De repente pareció despertarse un claro recuerdo en su memoria y exclamó:

—¡Por vida de! ¿Sois Burlesdón?

—Mi hermano es el actual Conde de este título.

—¡Claro está! Con esa cabeza no podía ser otra cosa—dijo echándose a reír.—¿No conoce usted la historia, Tarlein?

El joven me miró, algo cortado, con una delicadeza que mi cuñada hubiera admirado grandemente. Y deseoso yo de tranquilizarlo, dije chanceándome: