A veces profieren algunos curas que los indios se sublevarían si se les quitan sus cofradías y costumbres; pero los que esto dicen dan á entender, que ellos mismos serán los sublevados, á más de que no se pretende que radicalmente se extingan las cofradías, sino el excesivo número de ellas, y el exorbitante de los individuos que las componen con perjuicio de sus intereses y del de la agricultura, y por las demás pésimas consecuencias que ya se han tocado. En fin, las leyes y el Soberano son quienes prohiben absolutamente el servicio personal y gratuito de los indios, sus cofradías no aprobadas, sus raciones parroquiales, sus pescadores, sus zacateros y sus leñateros.
Jueces de Provincias
Por lo que respecta á los Jueces de provincias, como que deben ser los agentes principales de la felicidad, y de los progresos de la Agricultura en ellas, haremos las reflexiones siguientes.
Hay alcaldes mayores, que apenas tienen de sueldo trescientos pesos al año; otros quinientos, y el que más mil doscientos. Con semejantes dotaciones, claro está que no pueden vivir con todo el desinterés, la imparcialidad, el honor y energía, que constituyen y deben acompañar su carácter.
Si para compensar la falta de sueldo, echa mano el juez, y esto es lo común, del comercio, de la estafa, y otros infinitos arbitrios bajos é indecorosos, disfrazándolos con cualquiera nombre honesto, como delincuente que se juzga en ellos, no se atreve á corregir á sus súbditos, ni menos á castigarlos, y éstos por su lado lo hacen temblar con el amago de descubrir sus transgresiones; de manera que por uno y otro motivo, se reduce el mando á cero en la realidad, y en lo exterior á formalidades de papel sellado, adecuadas sólo para deslumbrar, y entretener las sindicaciones de la Superioridad.
Si el juez es justo en todos sentidos, es imposible subsista con la decencia correspondiente, ceñido sólo á su sueldo, y en este estado de indigencia, el respeto y temor que necesita se le tenga para hacerse obedecer, según lo requiere el cargo, son muy débiles cuando no enteramente nulos. Mi juez, dice el intrigante acaudalado, no tiene dinero para sostenerse en el caso que le sea necesario, pues no ha cuidado, sino quiere aprobar mi inicua conducta, y he aquí que por este otro extremo, queda también el mando sin el buen efecto que conviene á la causa pública.
Un juez de provincia en este reino necesita por lo menos de dos mil pesos anuales para poderse mantener con decoro y sin prostituirse á ninguna villanía, y estos sueldos deben salir de las arcas reales, no de aumento de contribuciones, capitaciones, derrames etc., establecidas entre los súbditos, pues aunque sea verdad que del pueblo debe salir el pago de sus magistrados, ha de ser de tal modo que no perciba los muelles y máquinas por donde se haga la extracción.
Respetado un juez, temido, bien quisto en su provincia, y con vigor suficiente en su judicatura, duplicará y triplicará los proventos de alcabalas, tanto por evitar las defraudaciones, cuanto por los aumentos que proporcionará á la agricultura, á la industria y al comercio, y este es el modo de que el pueblo pague los sueldos de su juez, sin que los reciba de sus manos inmediatamente.