Y no se diga que á los jefes políticos se recomienda que no vejen á los indios, y que los repartan con criterio y atiendan las órdenes de mandamientos procurando que no sufran los trabajadores; porque esto era lo mismo que los reyes españoles hicieron en vano durante tres centurias. El mal está en el principio; y es bárbaro y anticonstitucional ese procedimiento de trabajos forzados, en un país en que se blasona de libertades individuales para todos los que lo pueblan.

Sobre ser inmorales y contrarios á la Constitución los mandamientos, se prestan á otro linaje de abusos, puesto que los jefes políticos y los alcaldes proporcionan gente para sus trabajos á aquellos que son los predilectos; á aquellos que destruyen, mediante adulación y bajezas—si no por concusiones vergonzosas—la igualdad ante la ley.

Con ese trabajo forzado, no produce la agricultura todo cuanto debiera producir, y se encarecen las subsistencias y escasean los granos y demás artículos indispensables para la vida; porque los indios son quienes siembran y cultivan y cosechan el maíz, el frijol, las patatas, las arbejas, el arroz, las legumbres y todo lo que abastece los mercados.

Mucho se habla siempre de las grandes plantaciones de café, de ese artículo de exportación, que enriquece á una exigua minoría de agricultores; pero se ve con desdén y hasta inconscientemente se ataca á la gran colectividad productora de la república que, con sólo maíz, crea una riqueza anual de más de ocho millones de pesos!

¡Vergüenza da que, desde California, nos manden ese grano los yankees; junto con patatas, cebollas y otras muchas cosas que aquí produce admirablemente nuestro suelo!

Esa carestía enorme de lo más preciso para la vida, hace al pueblo infeliz y menestroso. El hambre es la causa de muchos males sociales. El pueblo no siempre razona; pero siente, y á veces se impacienta y busca cómo mejorar su condición.

Dos son las calamidades mayores que económicamente canceran al país. Los monopolios y los mandamientos. Los mandamientos son monopolios de trabajadores forzados, en pro de unos y en perjuicio de la generalidad.

No hay quien no reconozca la injusticia de los mandamientos y lo perjudiciales que son para los indios; pero muchas personas, sin dejar de lamentarlos, arguyen que la supresión de ellos sería un mal para la agricultura, fuente de riqueza pública. Los que así piensan están en un error. La agricultura ganaría sin duda, si los mandamientos se suprimieran; porque el trabajo libre es más productivo y da mejores frutos. Esos mismos indios que hoy trabajan forzados, trabajarían libre y espontáneamente, obligando la autoridad á los vagos á que se emplearan en algo útil. Lo único que resultaría, es que las fincas de ciertas personas privilegiadas, que monopolizan á los peones, trayéndolos de lugares lejanos y sin pagarles el salario justo, ya no tendrían ese monopolio que perjudica á los demás agricultores. Lo que se extirparía sería el abuso; porque claro está que, al abolirse los mandamientos, se dictarían disposiciones enérgicas para no permitir la ociosidad, y reprimir la vagancia, procurando por otro lado crear necesidades á los indios.

Yo no sé que en ninguna parte del mundo subsistan los mandamientos, que la añeja legislación española toleró, por no ponerse en pugna con los que de la Península venían á explotar estos países. Los cabildos elevaban al rey exposiciones diciéndole que sin los mandamientos era mejor abandonar las Indias. Hoy algunos agricultores, de esos que convierten en granos de oro el sudor de los forzados indios, gritan que, sin los mandamientos, perece la agricultura. Siempre el egoísmo pretextando el bien general, para cohonestar la servidumbre.

El hecho es que, mientras unos cuantos privilegiados ganan anualmente miles de pesos con sus cosechas de café, el pueblo se lamenta de la carestía del maíz, del pan y de la carne....