Uno de los edificios que hizo mayor novedad entre las obras de Motezuma fué la casa que llamaban de la tristeza, donde solia retirarse quando se morian sus parientes, y en otras ocasiones de calamidad ó mal suceso que pidiese pública demostracion. Era de horrible arquitectura, negras las paredes, los techos y los adornos, y tenia un género de claraboyas ó ventanas pequeñas que daban penada la luz, ó permitian solamente la que bastaba para que se viese la obscuridad. Formidable habitacion, donde se detenia todo lo que tardaba en despedir sus quebrantos, y donde se le aparecia con mas facilidad el demonio: fuese por lo que ama los horrores el príncipe de las tinieblas, ó por la congruencia que tienen entre sí el espíritu maligno y el humor melancólico.

Fuera de la ciudad tenia grandes quintas y casas de recreacion con muchas y copiosas fuentes que daban agua para los baños, ó estanques para la pesca; en cuya vecindad habia diferentes bosques para diferentes géneros de caza, exercicio que freqüentaba y entendia, manejando con primor el arco y la flecha. Era la montería su principal divertimiento, y solia muchas veces salir con sus nobles á un parque muy espacioso y ameno, cuyo distrito estaba cercado por todas partes con un foso de agua, donde le traían y encerraban las reses de los montes vecinos: entre las quales solian venir algunos tigres y leones. Habia gente señalada en México y en otros lugares del contorno que se adelantaba para estrechar y conducir las fieras al sitio destinado, siguiendo casi en estas batidas el estílo de nuestros monteros. Tenian aquellos Indios Mexicanos grande osadía y agilidad en perseguir y sujetar los animales mas feroces: y Motezuma gustaba mucho de mirar el combate de sus cazadores, y lograr algunos tiros, que se aplaudian como aciertos de mayor importancia. Nunca se apeaba de sus andas sino es quando se ponia en algun lugar eminente, y siempre con bastante circunvalacion de chuzos y flechas que asegurasen su persona; no porque le faltáse valor, ni dexáse de aventajar á todos en la destreza, sino porque miraba como indignos de su magestad aquellos riesgos voluntarios: pareciéndole (y no sin conocimiento de su dignidad) que solo eran decentes para el Rey los peligros de la guerra.


CAPITULO XV.

Dáse noticia de la ostentacion y puntualidad con que se hacia servir Motezuma en su palacio, del gasto de su mesa, de sus audiencias, y otras particularidades de su economía y divertimientos.

Era correspondiente á la suntuosidad y soberbia de sus edificios el fausto de su casa, y los aparatos de que adornaba su persona, para mantener la reverencia y el temor de sus vasallos: á cuyo fin inventó nuevas ceremonias y superfluidades, emendando, como defecto, la humanidad con que se trataron hasta él los Reyes Mexicanos. Aumentó, como diximos, en los principios de su reynado el número, la calidad y el lucimiento de la familia real, componiéndola de gente noble, mas ó ménos ilustre, segun los ministerios de su ocupacion: punto que resistieron entónces sus consejeros, representándole que no convenia desconsolar al pueblo con excluirle totalmente de su servicio; pero él executó lo que le aconsejaba su vanidad: y era una de sus máxîmas, que los Príncipes debian favorecer desde lejos á la gente sin obligaciones, y considerar que no se hicieron los beneficios de la confianza para los ánimos plebeyos.

Tenia dos géneros de guardias, una de gente militar, y tan numerosa, que ocupaba los patios, y repartia diferentes esquadras á las puertas principales: y otra de caballeros, cuya introduccion fué tambien de su tiempo: constaba de hasta doscientos hombres de calidad conocida, y estos entraban todos los dias en palacio con el mismo fin de guardar la persona real, y asistir á su cortejo. Estaba repartido por turnos con tiempo señalado este servicio de los nobles, y se iban mudando con tal disposicion, que comprehendia toda la nobleza, no solo de la ciudad, sino del reyno: y venian, á cumplir con esta obligacion, quando les tocaba el turno, desde las ciudades mas remotas. Era su asistencia en las antecámaras, donde comian de lo que sobraba en la mesa del Rey. Solia permitir que entrasen algunos en su cámara, mandándolos llamar, no tanto por favorecerlos, como para saber si asistian, y tenerlos á todos en cuidado. Jactabase de haber introducido este género de guardia, y no sin alguna política mas que vulgar; porque solia decir á sus ministros que le servia de tener en algun exercicio la obediencia de los nobles para enseñarlos á vivir dependientes, y de conocer los sugetos de su Reyno para emplearlos segun su capacidad.

Casaban los Reyes Mexicanos con hijas de otros Reyes tributarios suyos: y Motezuma tenia dos mugeres de esta calidad con título de Reynas en quartos separados de igual pompa y ostentacion. El número de sus concubinas era exôrbitante y escandaloso; pues hallamos escrito que habitaban dentro de su palacio mas de tres mil mugeres entre amas y criadas, y que venian al exâmen de su antojo quantas nacian con alguna hermosura en sus dominios, porque sus ministros y executores las recogian á manera de tributo y vasallage: tratándose como importancia del Reyno la torpeza del Rey.

Deshaciase de este género de mugeres con facilidad, poniéndolas en estado para que ocupasen otras su lugar; y hallaban maridos entre la gente de mayor calidad, porque salian ricas, y á su parecer, condecoradas: tan lejos estaba de tener estimacion de virtud la honestidad en una religion, donde no solo se permitian, pero se mandaban las violencias de la razon natural. Afectaba mucho el recogimiento de su casa, y tenia mugeres ancianas que atendiesen al decoro de sus concubinas, sin permitir el menor desacierto en su proceder; no tanto porque le disonasen las indecencias, como porque le predominaban los zelos: y este cuidado con que procuraba mantener el recato de su familia, que tiene por sí tanto de loable y puesto en razon, era en él segunda liviandad, y pundonor poco generoso que se formaba en la flaqueza de otra pasion.