Partieron con esta permision á Barcelona dos Capitanes y el piloto Alaminos, creyendo hallar la Corte en aquella ciudad; pero llegaron á tiempo que acabada de partir el Rey á la Coruña, donde tenia convocadas las Cortes de Castilla, y prevenida su armada para pasar á Flandes, instado ya prolixamente de los clamores de Alemania, que le llamaban á la corona del Imperio. No se resolvieron á seguir la Corte, por no hablar de paso en negocio tan grave, que, mezclado entre las inquietudes del camino, perderia la novedad, sin hallar la consideracion: por cuyo reparo se encaminaron á Medellin con ánimo de visitar á Martin Cortés y ver si podian conseguir que viniese con ellos á la presencia del Rey, para que autorizáse con sus canas y con su representacion la instancia y la persona de su hijo. Recibiólos aquel venerable anciano con la ternura que se dexa considerar en un padre cuidadoso y desconsolado, que ya le lloraba muerto; y halló con las nuevas de su vida tanto que admirar en sus acciones, y tanto que celebrar en su fortuna.
Determinóse luego á seguirlos, y tomando noticia del parage donde se hallaba el Emperador (asi le llamarémos ya) supieron que habia de hacer mansion en Tordesillas, para despedirse de la Reyna Doña Juana su madre, y despachar algunas dependencias de su jornada. Aquí le esperaron, y aquí tuvieron la primera audiencia, favorecidos de una casualidad oportuna: porque los Ministros de Sevilla no se atrevieron á detener en el embargo lo que venia para el Emperador; y llegaron á la misma sazon el presente de Cortés y los Indios de la nueva conquista: con cuyo accidente fueron mejor escuchadas las novedades que referian, facilitándose por los ojos la estrañeza de los oídos: porque aquellas alhajas de oro preciosas por la materia y por el arte, aquellas curiosidades y primores de pluma y algodon, y aquellos racionales de tan rara fisonomía que parecian hombres de segunda especie, fueron otros tantos testigos que hicieron creible, dexando admirable su narracion.
Oyólos el Emperador con mucha gratitud: y el primer movimiento de aquel ánimo Real fué volverse á Dios, y darle rendidas gracias de que en su tiempo se hallasen nuevas regiones donde introducir su nombre, y dilatar su Evangelio. Tuvo con ellos diferentes conferencias: informóse cuidadosamente de las cosas de aquel nuevo Mundo, del dominio y fuerzas de Motezuma, de la calidad y talento de Cortés: hizo algunas preguntas al piloto Alaminos concernientes á la navegacion: mandó que los Indios se llevasen á Sevilla, para que se conservasen mejor en temple mas benigno: y segun lo que se pudo colegir entónces del afecto con que deseaba fomentar aquella empresa, fuera breve y favorable su resolucion, si no le embarazáran otras dependencias de gravísimo peso.
Llegaban cada dia nuevas cartas de las ciudades con proposiciones poco reverentes: lamentabase Castilla de que se sacasen sus Cortes á Galicia: estaba zeloso el Reyno de que pesáse mas el Imperio: andaba mezclada con protestas la obediencia: y finalmente se iba derramando poco á poco en los ánimos la semilla de las comunidades. Todos amaban al Rey, y todos le perdian el respeto: sentian su ausencia, lloraban su falta; y este amor natural convertido en pasion, ó mal administrado, se hizo brevemente amenaza de su dominio. Resolvió apresurar su jornada, por apartarse de las quejas; y la executó, creyendo volver con brevedad, y que no le sería dificultoso corregir despues aquellos malos humores que dexaba movidos. Así lo consiguió; pero respetando los altos motivos que le obligaron á este viage, no podemos dexar de conocer que se aventuró á gran pérdida: y que, á la verdad, hace poco por la salud quien se fia del exceso, en suposicion de que habrá remedios quando llegue la necesidad.
Quedó remitida, por estos embarazos, la instancia de Cortés al Cardenal Adriano, y á la junta de Prelados y Ministros que le habian de aconsejar en el gobierno durante la ausencia del Emperador, con órden para que, oyendo al Consejo de Indias, se tomáse medio en las pretensiones de Diego Velazquez, y se diese calor al descubrimiento y conquista espiritual de aquella tierra, que ya se iba dexando conocer por el nombre de Nuera España.
Presidia en este Consejo, formado pocos dias ántes, Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Burgos, y concurrian en él Hernando de Vega Señor de Grajal, Don Francisco Zapata y Don Antonio de Padilla, del Consejo Real, y Pedro Martir de Angleria, Protonotario de Aragon. Tenia el Presidente gran suposicion en las materias de las Indias, porque las habia manejado muchos dias, y todos cedian á su autoridad y á su experiencia. Favorecia con descubierta voluntad á Diego Velazquez, y pudo ser que le hiciese fuerza su razon, ó el concepto en que le tenia: que Bernal Diaz del Castillo refiere las causas de su pasion con indecencia y prolixidad: pero tambien dice lo que oyó, y sería mucho ménos, ó no sería. Lo que no se puede negar es, que perdió mucho en sus informes la causa de Cortés, y que dió mal nombre á su conquista tratándola como delito de mala conseqüencia. Representaba que Diego Velazquez, segun el título que tenia del Emperador, era dueño de la empresa, y segun justicia, de los mismos medios con que se habia conseguido. Ponderaba lo poco que se podia fiar de un hombre rebelde á su mismo superior, y lo que se debian temer en provincias tan remotas estos principios de sedicion: protestaba los daños; y últimamente cargó tanto la mano en sus representaciones, que puso en cuidado al Cardenal y á los de la junta. No dexaban de conocer que se afectaba con sobrado fervor la razon de Diego Velazquez; pero no se atrevian á resolver negocio tan grave contra el parecer de un Ministro tan graduado; ni tenian por conveniente desconfiar á Cortés, quando estaba tan arrestado, y en la verdad se le debia un descubrimiento tanto mayor que los pasados. Cuyas dudas y contradicciones fueron retardando la resolucion de modo que volvió el Emperador de su jornada, y llegaron segundos Comisarios de Cortés, primero que se tomáse acuerdo en sus pretensiones. Lo mas que pudieron conseguir Martin Cortés y sus compañeros fué, que se les mandasen librar algunas cantidades para su gasto sobre los mismos efectos que tenian embargados en Sevilla; con cuya moderada subvencion estuvieron dos años en la Corte, siguiendo los Tribunales como pretendientes desvalidos: hecho esta vez negocio particular el interés de la Monarquía, de quantas suelen hacerse causa pública los intereses particulares.
CAPITULO II.
Procura Motezuma Desviar la paz de Tlascála: vienen los de aquella república á continuar su instancia; y Hernan Cortés executa su marcha, y hace su entrada en la ciudad.