Entretanto que duraba este género de tranquilidad, no se descuidaba Hernan Cortés en las prevenciones que podrian conducir á su seguridad, y adelantar los altos designios que perseveraban en su corazon, sin objeto determinado, ni saber hasta entónces hacia donde le llamaba la obscuridad lisonjera de sus esperanzas. Luego que vacó el gobierno de la Vera Cruz por muerte de Juan de Escalante, y se aseguraron los caminos con el castigo de los culpados, nombró en aquella ocupacion al Capitan Gonzalo de Sandoval: y porque no faltáse de su lado en esta ocurrencia un Cabo de tanta satisfaccion, envió con título de Teniente suyo á un soldado particular que llamaban Alonso de Grado, sugeto de habilidad y talento, pero de ánimo inquieto, y uno de los que se hicieron conocer en las turbaciones pasadas. Creyóse que le ocupaba por satisfacerle y desviarle; pero no fué buena política poner hombre poco seguro en una plaza que se mantenia para la retirada, y contra las avenidas que se podian temer de la Isla de Cuba. Pudiera ser de grave inconveniente su asistencia en aquel puerto, si llegáran poco ántes los baxeles que fletó Diego Velazquez en prosecucion de su antigua demanda; pero el mismo Alonso de Grado emendó con su proceder el yerro de su eleccion; porque vinieron dentro de pocos dias tantas quejas de los vecinos y lugares del contorno, que fué necesario traerle preso, y enviar al propietario.
Con la ocasion de estos viages dispuso Hernan Cortés que se conduxesen de la Vera Cruz algunas xarcias, velas, clavazon, y otros despojos de los navios que se barrenaron, con ánimo de fabricar dos bergantines, para tener á su disposicion el paso de la laguna: porque no podia echar de sí las medias palabras que oyeron los Tlascaltécas sobre cortar los puentes, ó romper las calzadas. Introduxo primero esta novedad, haciéndosela desear á Motezuma, con pretexto de que viese las grandes embarcaciones que se usaban en España, y la facilidad con que se movian, haciendo trabajar al viento en alivio de los remos: primor de que no se hacia capaz sin la demostracion; porque ignoraban los Mexicanos el uso de las velas, y ya miraba como punto de conveniencia suya que aprendiesen aquel arte de navegar sus marineros. Llegaron brevemente de la Vera Cruz los géneros que se habian pedido, y se dió principio á la fábrica por mano de algunos maestros de esta profesion, que vinieron en el exército con plaza de soldados, asistiendo á cortar y conducir la madera, de órden de Motezuma, los carpinteros de la ciudad: con que se acabaron los dos bergantines dentro de breves dias, y él mismo determinó estrenarlos, embarcándose con los Españoles, para reconocer desde mas cerca las maestrías de aquella navegacion.
Previno para este fin una de sus monterías mas solemnes en parage de larga travesía, porque no faltáse tiempo á su observacion: y el dia señalado amanecieron sobre la laguna todas las canoas del séquito real con su familia y cazadores, reforzada en ellas la boga, no sin presuncion de acreditar su ligereza, con descredito de las embarcaciones extrangeras, que á su parecer, eran pesadas, y serian dificultosas de manejar; pero tardaron poco en desengañarse, porque los bergantines partieron á vela y remo, favorecidos oportunamente del viento, y se dexaron atras las canoas con largo espacio, y no menor admiracion de los Indios. Fué dia muy festivo, y de gran divertimiento para los Españoles, tanto por la novedad y circunstancias de la montería, como por la opulencia del banquete: y Motezuma estuvo muy entretenido con sus marineros, burlándose de lo que forcejaban en el alcance de los bergantines, y celebrando como suya la victoria de los Españoles.
Concurrió despues toda la ciudad á ver aquellas, que en su lengua llamaban casas portátiles: hizo sus ordinarios efectos la novedad, y sobre todo admiraron el manejo del timon, y el oficio de las velas, que, á su entender, mandaban al agua y al viento: invencion que celebraron los mas avisados como industria del arte superior á su ingenio, y el vulgo como sutileza mas que natural, ó predominio sobre los elementos. Consiguióse finalmente que fuesen bien recibidos aquellos bergantines, que se fabricaron á mayor intento; y tuvo su parte de felicidad esta providencia de Cortés, pues se hizo lo que convenia, y se ganó reputacion.
Al mismo tiempo iba caminando en otras diligencias que le dictaban su vigilancia y actividad. Introducia con Motezuma y con los nobles, que le visitaban, la estimacion de su Rey: ponderaba su clemencia, y engrandecia su poder, trayendo á su dictámen los ánimos con tanta suavidad y destreza, que llegó á desearse generalmente la confederacion que proponia, y el comercio de los Españoles, como interés de aquella Monarquía. Tomaba tambien algunas noticias importantes por via de conversacion y sencilla curiosidad. Informóse muy particularmente de la magnitud y límites del Imperio Mexicano, de sus provincias y confines, de los montes, rios y minas principales, de las distancias de ambos mares, su calidad y surgideros: tan lejos de mostrar cuidado en sus observaciones, que Motezuma, para informarle mejor y complacerle, hizo que sus pintores delineasen, con asistencia de hombres noticiosos, un lienzo semejante á nuestros mapas, en que se contenia la demarcacion de sus dominios: á cuya vista le hizo capaz de todas las particularidades que merecian reflexîon; y permitió despues que fuesen algunos Españoles á reconocer las minas de mayor nombre, y los puertos ó ensenadas que parecian capaces de baxeles. Propusolo Hernan Cortés con pretexto de llevar á su Príncipe distinta relacion de lo mas notable; y él concedió no solamente su beneplácito, pero señaló gente militar que los acompañáse, y despachó sus órdenes para que les franqueasen el paso y las noticias: bastante seña de que vivia sin rezelo, y andaban conformes su intencion y sus palabras.
Pero en esta sazon, y quando mas se debian temer las novedades, como peligro de la quietud y de la confianza, refieren nuestros historiadores una resolucion de los Españoles tan desproporcionada y fuera de tiempo, que nos inclinamos á dudarla, ya que no hallamos razon para omitirla. Dice Bernal Diaz del Castillo, ó lo escribió primero Francisco Lopez de Gómara (concordando alguna vez en lo ménos tolerable) que se determinaron á derribar los ídolos de México, y convertir en Iglesia el adoratorio principal: que salieron á executarlo, por mas que lo resistió, y procuró embarazar Motezuma: que se armaron los sacerdotes, y estuvo conmovida toda la ciudad en defensa de sus Dioses, durando la porfía sin llegar á rompimiento, hasta que por bien de paz se quedaron los ídolos en su lugar, y se limpió una capilla, y levantó un altar dentro del mismo adoratorio, donde se colocó la Cruz de Christo, y la imágen de su Madre santísima, se celebró Misa cantada, y perseveró muchos dias el altar, cuidando de su limpieza y adorno los mismos sacerdotes de los ídolos. Así lo refiere tambien Antonio de Herrera, y se aparta de los dos, añadiendo algunas circunstancias que pasan los límites de la exornacion, si esta puede caber en la retórica del historiador: porque describe una procesion devota y armada que se ordenó para conducir las santas Imágenes al adoratorio: pone á la letra, ó supone la oracion recta que hizo Cortés delante de un Crucifixo: y pondera un casi milagro de su devocion, animándose á decir, no sabemos de que orígen, que se inquietaron poco despues los Mexicanos, porque faltó el agua del cielo para el beneficio de sus campos: que acudieron al mismo Cortés, con principios de sedicion, clamando sobre que no llovian sus Dioses, porque se habian introducido en su templo Deidades forasteras: que, para conseguir que se quietasen, les ofreció de parte de su Dios copiosa lluvia dentro de breves horas; y que respondió el Cielo puntualmente á su promesa con grande admiracion de Motezuma y de toda la ciudad.
No discurrimos del empeño en que se puso, prometiendo milagros delante de unos infieles, en prueba de su Religion: que pudo ser ímpetu de su piedad; ni estrañamos la maravilla del suceso: que tambien pudo tener entónces aquel átomo de fé viva, con que se merecen y consiguen los milagros. Pero el mismo hecho disuena tanto á la razon, que parece dificultoso de creer en las advertencias de Cortés, y en el genio y letras de Fray Bartolomé de Olmedo. Pero caso que sucediese así el hecho de arruinar los ídolos de México en la forma y en el tiempo que viene supuesto (siendo lícito al historiador el hacer juicio alguna vez de las acciones que refiere) hallamos en esta diferentes reparos, que nos obligan por lo ménos á dudar el acierto de semejante determinacion en una ciudad tan populosa, donde se pudo tener por imposible lo que fué dificultoso en Cozumel. Corriase bien con Motezuma: consistia en su benevolencia toda la seguridad que se gozaba: no habia dado esperanzas de admitir el Evangelio, ántes duraba inexôrable y obstinado en su idolatría. Los Mexicanos, sobre la dureza con que adoraban y defendian sus errores, andaban fáciles de inquietar contra los Españoles. ¿Pues, que prudencia pudo aconsejar que se intentáse contra la voluntad de Motezuma semejante contratiempo? Si miramos al fin que se pretendia, le hallarémos inútil y fuera de toda razon. Empezar por los ídolos el desengaño de los Idólatras: tratar una exterioridad infructuoso como triunfo de la Religion: colocar las santas Imágenes en un lugar inmundo y detestable: dexarlas al arbitrio de los sacerdotes gentiles, aventuradas á la irreverencia y al sacrilegio: celebrar entre los simulacros del demonio el inefable sacrificio de la Misa. Y Antonio de Herrera califica estos atentados con título de faccion memorable. Júzguelo quien lo leyere, que nosotros no hallamos razon de congruencia política ó christiana para que se perdonasen tantos inconvenientes; y dexando en duda el acierto, querriamos ántes que no hubiera sucedido esta irregularidad como la refieren, ó que no tuvieran lugar en la Historia las verdades increibles.