CAPITULO II.

Descúbrese una conjuracion que se iba disponiendo contra los Españoles, ordenada por el Rey de Tezcúco: y Motezuma, parte con su industria, y parte por las advertencias de Cortés, la sosiega castigando al que la fomentaba.

Tuvo desde sus principios esta empresa de los Españoles notable desigualdad de accidentes: alternábanse continuamente la quietud y los cuidados: unos dias reynaba sobre las dificultades la esperanza, y otros renacian los peligros de la misma seguridad. Propia condicion de los sucesos humanos, encadenarse, y sucederse con breve intermision los bienes y los males. Y debemos creer que fué conveniente su instabilidad para corregir la destemplanza de nuestras pasiones.

La ciega gentilidad ponia esta serie de los acaecimientos en una rueda imaginaria, que se formaba en la trabazon de lo próspero y adverso, á cuyo movimiento daban cierta inteligencia sin eleccion, que llamaron fortuna: con que dexaban al acaso todo lo que deseaban ó temian, siendo en la verdad alta disposicion de la divina Providencia que duren poco en un estado las felicidades y los infortunios de la tierra, para que se posean ó toleren con moderacion, y suba el entendimiento á buscar la realidad de las cosas en la religion de las almas.

Hallábanse ya los Españoles bastantemente asegurados en la voluntad de Motezuma, y en la estimacion de los Mexicanos; pero al mismo tiempo que se gozaba de aquel sosiego favorable, se levantó nueva tempestad, que puso en contingencia todas las prevenciones de Cortés. Movióla Cacumatzín, sobrino de Motezuma, Rey de Tezcúco, y primer Elector del Imperio. Era mozo inconsiderado y bullicioso; y dexándose aconsejar de su ambicion, determinó hacerse memorable á su nacion, sacando la cara contra los Españoles con pretexto de poner en libertad á su Rey. Favorecianle su dignidad y su sangre para esperar en la primera eleccion el Imperio; y le pareció, que una vez desnuda la espada, podria llegar el caso de acercarse á la corona. Su primera diligencia fué desacreditar á Motezuma, murmurando entre los suyos de la indignidad y falta de espíritu con que se dexaba estar en aquella violenta sujecion. Acusó despues á los Españoles, culpando como principio de tiranía la opresion en que le tenian, y la mano que se iban tomando en el gobierno; sin perdonar medio alguno de hacerlos odiosos y despreciables. Sembró despues la misma cizaña entre los demas Reyezuelos de la laguna: y hallando bastante disposicion en los ánimos, se resolvió á poner en execucion sus intentos: á cuyo fin convocó una junta de todos sus amigos y parientes, que se hizo de secreto en su palacio, concurriendo en ella los Reyes de Cuyoacán, Iztacpalápa, Tacúba y Matalcingo, y otros Señores ó Caciques del contorno: personas de séquito y suposicion, que mandaban gente de guerra, y se preciaban de soldados.

Hizoles un razonamiento de grande aparato; y dando colores de zelo á sus ocultos designios, ponderó el estado en que se hallaba su Rey, olvidado, al parecer, de su misma libertad, y la obligacion que tenian de concurrir todos como buenos vasallos á sacarle de aquella servidumbre. Sinceróse con la proxîmidad de la sangre, que le interesaba en los aciertos de su tio: y volviendo la mira contra los Españoles:

"¿A qué aguardamos, amigos y parientes (dixo) que no abrimos los ojos al oprobrio de nuestra nacion, y á la vileza de nuestro sufrimiento? ¿Nosotros, que nacimos á las armas, y ponemos nuestra mayor felicidad en el terror de nuestros enemigos, concedemos la cerviz al yugo afrentoso de una gente advenediza? ¿Qué son sus atrevimientos sino acusaciones de nuestra floxedad, y desprecios de nuestra paciencia? Consideremos lo que han conseguido en breves dias, y conocerémos primero nuestro desayre, y despues nuestra obligacion. Arrojáronse á la corte de México, insolentes de quatro victorias en que los hizo valientes la falta de resistencia. Entraron en ella triunfantes á despecho de nuestro Rey, y contra la voluntad de la nobleza y gobierno. Introduxeron consigo á nuestros enemigos ó rebeldes, y los mantienen armados á nuestros ojos, dando vanidad á los Tlascaltécas, y pisando el pundonor de los Mexicanos. Quitaron la vida con público y escandaloso castigo á un General del Imperio, tomando en ageno dominio jurisdiccion de magistrados, ó autoridad de legisladores. Y últimamente prendieron al Gran Motezuma en su alojamiento, sacándole violentamente de su palacio; y no contentos con ponerle guardas á nuestra vista, pasaron á ultrajar su persona y dignidad con las prisiones de sus delinqüentes. Así pasó: todos lo sabemos; ¿pero quién habrá que lo crea sin desmentir á sus ojos? ¡O verdad ignominiosa, digna del silencio, y mejor para el olvido! ¿Pues en qué os deteneis, ilustres Mexicanos? ¿Preso vuestro Rey, y vosotros desarmados? Esa libertad aparente de que le veis gozar estos dias no es libertad, sino un tránsito engañoso, por el qual ha pasado insensiblemente á otro cautiverio de mayor indecencia: pues le han tiranizado el corazon, y se han hecho dueños de su voluntad, que es la prision mas indigna de los Reyes. Ellos nos gobiernan y nos mandan, pues el que nos habia de mandar les obedece. Ya le veis descuidado en la conservacion de sus dominios, desatento á la defensa de sus leyes, y convertido el ánimo real en espíritu servil. Nosotros, que suponemos tanto en el Imperio Mexicano, debemos impedir con todo el hombro su ruina. Lo que nos toca es juntar nuestras fuerzas, acabar con estos advenedizos, y poner en libertad á nuestro Rey. Si le desagradáremos, dexándole de obedecer en lo que le conviene, conocerá el remedio quando convalezca de la enfermedad: y si no le conociere, hombres tiene México que sabrán llenar con sus sienes la corona; y no será el primero de nuestros Reyes, que, por no saber reynar, ó reynar descuidadamente, se dexó caer el cetro de las manos."

En esta substancia oró Cacumatzín, y con tanto fervor, que le siguieron todos, prorumpiendo en grandes amenazas contra los Españoles, y ofreciendo servir en la faccion personalmente. Solo el Señor de Matalcingo, que se hallaba en el mismo grado pariente de Motezuma, y tenia sus pensamientos de reynar, conoció lo interior de la propuesta, y tiró á desvanecer los designios de su competidor, añadiendo:

"Que tenia por necesario, y por mas conveniente á la obligacion de todos, que se previniese á Motezuma de lo que intentaban, y se tomáse primero su licencia; pues no era razon que se arrojasen armados á la casa donde residia, sin poner en salvo su persona, tanto por el peligro de su vida como por la disonancia de que pereciesen aquellos hombres debaxo de las alas de su Rey."