Fué de grande aparato y autoridad esta funcion, porque asistieron tambien á ella los nobles y ministros que residian en la corte: y Motezuma, despues de haberlos mirado una y dos veces con agradable magestad, empezó su oracion, haciéndolos benévolos y atentos con ponerles delante
"Quánto los amaba, y quánto le debian: acordóles que tenian de su mano todas las riquezas y dignidades que poseían: y sacó por ilacion de este principio la obligacion en que se hallaban de creer que no les propondria materia que no fuese de su mayor conveniencia, despues de haberla premeditado con madura deliberacion, consultado, á sus Dioses el acierto, y tenido señales evidentes de que hacia su voluntad."
Afectaba muchas veces estas vislumbres de inspiracion, para dar algo de divinidad á sus resoluciones: y entónces le creyeron, porque no era novedad que le favoreciese con sus respuestas el demonio. Asentada esta reconvencion y este misterio, refirió con brevedad
"El orígen del Imperio Mexicano, la expedicion de los Nabatlácas, las hazañas prodigiosas de Quezalcoál, su primer Emperador, y lo que dexó profetizado quando se apartó á las conquistas del oriente, previniendo, con impulso del Cielo, que habian de volver á reynar en aquella tierra sus descendientes. Tocó despues como punto indubitable: Que el Rey de los Españoles, que dominaba en aquellas regiones orientales, era legítimo sucesor del mismo Quezalcoál. Y añadió: Que siendo él Monarca de quien habia de proceder aquel Príncipe tan deseado entre los Mexicanos, y tan prometido en los oráculos y profecías que veneraba su nacion, debian todos reconocer en su persona este derecho hereditario, dando á su sangre lo que, á falta de ella, se introduxo en eleccion: que si hubiera venido entónces personalmente, como envió sus Embaxadores, era tan amigo de la razon, y amaba tanto á sus vasallos, que por su mayor felicidad sería el primero en desnudarse de la dignidad que poseía, rindiendo á sus piés la corona, fuese para dexarla en sus sienes, ó para recibirla de su mano. Pero que debiendo á los Dioses la buena fortuna de que hubiese llegado en su tiempo noticia tan deseada, queria ser el primero en manifestar la prontitud de su ánimo, y habia discurrido en ofrecerle desde luego su obediencia, y hacerle algun servicio considerable. A cuyo fin tenia destinadas las joyas mas preciosas de su tesoro, y queria que sus nobles le imitasen, no solo en hacer el mismo reconocimiento, sino en acompañarle con alguna contribucion de sus riquezas, para que siendo mayor el servicio, llegáse mas decoroso á los ojos de aquel Príncipe."
En esta substancia concluyó Motezuma su razonamiento, aunque no de una vez: porque á despecho de lo que se procuró esforzar en este acto, quando llegó á pronunciarse vasallo de otro Rey, le hizo tal disonancia esta proposicion, que se detuvo un rato, sin hallar las palabras con que habia de formar la razon; y al acabarla se enterneció tan declaradamente, que se vieron algunas lágrimas discurrir por su rostro, como lloradas contra la voluntad de los ojos. Y los Mexicanos, conociendo su turbacion, y la causa de que procedia, empezaron tambien á enternecerse, prorumpiendo en sollozos ménos recatados, y deseando, al parecer, con algo de lisonja, que hiciese ruido su fidelidad. Fué necesario que Cortés pidiese licencia de hablar, y alentase á Motezuma, diciendo:
"Que no era el ánimo de su Rey desposeerle de su dignidad, ni trataba de que se hiciese novedad en sus dominios: porque solo querria que se aclaráse por entónces su derecho á favor de sus descendientes, respecto de hallarse tan distante de aquellas regiones, y tan ocupado en otras conquistas, que no podria llegar en muchos años el caso en que hablaban sus tradiciones y profecías."
Con cuyo desahogo cobró el aliento, volvió á serenar el semblante, y acabó su oracion como se ha referido.
Quedaron los Mexicanos atónitos, ó confusos de oir semejante resolucion, estrañándola como desproporcionada, ó ménos decente á la magestad de un Príncipe tan grande, y tan zeloso de su dominacion. Miráronse unos á otros sin atreverse á replicar, ni á conceder, dudando en qué se ajustarian mas á su intencion; y duró este silencio reverente hasta que tomó la mano el primero de sus magistrados, y con mejor conocimiento de su dictámen respondió por los demas:
"Que todos los nobles que concurrian en aquella junta le respetaban como á su Rey y Señor natural, y estarian prontos á obedecer lo que proponia por su benignidad, y mandaba con su exemplo: porque no dudaban que lo tendria bien discurrido y consultado con el Cielo, ni tenian instrumento mas sagrado que el de su voz para entender la voluntad de los Dioses."
Concurrieron todos en el mismo sentir: y Hernan Cortés, quando llegó el caso de significar su agradecimiento, fué dictando á sus intérpretes otra oracion no ménos artificiosa, en que dió las gracias á Motezuma, y á todos los circunstantes, de aquella demostracion, aceptando en nombre de su Rey el servicio, y midiendo sus ponderaciones con la máxima de no estrañar mucho que asistiesen á su obligacion, al modo que se recibe la deuda, y se agradece la puntualidad en el deudor.