"Que procuráse prender á Cortés, y se le remitiese con buena guardia, para que recibiese de su mano el castigo que merecia: que hiciese lo mismo con la gente principal que le seguia, si no se reduxesen á dexar su partido: y que tomáse posesion en su nombre de todo lo conquistado, adjudicándolo al distrito de su Adelantamiento:"
sin detenerse mucho á discurrir en los accidentes que se le podian ofrecer; porque á vista de tan ventajosas fuerzas le parecia fácil de conseguir quanto le proponia su deseo: y la confianza, vicio familiar de ingenios apasionados, ó mira desde lejos los peligros, ó no conoce hasta que padece las dificultades.
Tuvieron aviso de este movimiento y prevenciones los Religiosos de San Gerónimo, que presidian á la Real Audiencia de Santo Domingo con suprema jurisdiccion sobre las otras Islas; y previniendo los inconvenientes que podian resultar de tan ruidosa competencia, enviaron al Licenciado Lucas Vazquez de Ayllon, juez de la misma Real Audiencia, para que procuráse poner en razon á Diego Velazquez; y no bastando los medios suaves, le intimáse las órdenes que llevaba, mandándole con graves penas que desarmáse la gente, deshiciese la armada, y no perturbáse, ó pusiese impedimento á la conquista en que estaba entendiendo Hernan Cortés, so color de pertenecerle, por qualquiera razon, ó pretexto que fuese: y que, dado que tuviese alguna querella contra su persona, ó algun derecho sobre la tierra que andaba pacificando, acudiese á los tribunales del Rey, donde tendria segura, por los términos regulares, su justicia.
Llegó este Ministro á la Isla de Cuba quando ya estaba prevenida la armada, que se componia de once navios de alto borde, y siete poco mas que bergantines, unos y otros de buena calidad: y Diego Velazquez andaba muy solícito en adelantar la embarcacion de la gente. Procuró reducirle, sirviéndose amigablemente de quantas razones le ocurrieron para detenerle y confiarle. Dióle á conocer
"Lo que aventuraba si se pusiese Cortés en resistencia, interesados ya en defender sus mismas utilidades los soldados que le seguian: el daño que podria resultar de que viesen aquellos Indios belicosos, y recien conquistados, una guerra civil entre los Españoles: que si por esta desunion se perdiese una conquista, de que ya se hacia tanta estimacion en España, peligraria su credito en un cargo de mala calidad, sin que le pudiesen defender los que mas le favorecian. Pusose de parte de su justicia para persuadirle á que la pidiese donde se miraria con diferente atencion, si no la desacreditáse con aquella violencia."
Y últimamente, viéndole incapaz de consejo, porque le parecia impracticable todo lo que no fuese destruir á Hernan Cortés, pasó á lo judicial, manifestó las órdenes, y se las hizo notificar por un escribano que llevaba prevenido, acompañándolas con diferentes requerimientos y protestas; pero nada bastó á detener su resolucion, porque sonaba tanto en su concepto el título de Adelantado, que dió muestras de no reconocer superior en su distrito: y se quedó en su obstinacion, hecha ya porfía la inobediencia. Disimuló el Oidor algunos desacatos, sin atreverse á contradecirle derechamente, por no hacer mayor su precipicio; y viendo que trataba de abreviar la embarcacion de la gente, fingió deseo de ver aquella tierra tan encarecida, y se ofreció á seguir el viage con apariencias de curiosidad: á que salió fácilmente Diego Velazquez, porque llegáse mas tarde á la Isla de Santo Domingo la noticia de su atrevimiento; y él consiguió el embarcarse con gusto y estimacion de todos. Resolucion, que (bien fuese de su dictámen, ó procediese de su instruccion) pareció bien discurrida, ó conveniente para estorvar el rompimiento de aquellos Españoles. Persuadióse con bastante probabilidad á que sería mas fácil de conseguir lejos de Diego Velazquez la obediencia de las órdenes, ó tendria diferente autoridad su mediacion con Pámphilo de Narbáez: y aunque fué su asistencia de nuevo inconveniente, como lo verémos despues, no por eso dexaron de merecer alabanza su zelo y su discurso: que los sucesos, por el mismo caso que se apartan muchas veces de los medios proporcionados, no pueden quitar el nombre al acierto de las resoluciones. Embarcóse tambien Andres de Duero, aquel Secretario de Velazquez que favoreció tanto á Cortés en los principios de su fortuna. Dicen unos que se ofreció á esta jornada por desfrutar sus riquezas, acordando el beneficio; y otros, que fué su intencion mediar con Narbáez, y embarazar en quanto pudiese la ruina de su amigo: á cuyo sentir nos aplicarémos ántes que al primero, por no estar bien con los historiadores que se precian de tener mal inclinadas las conjeturas.
Hicieronse á la vela, y favoreciéndolos el viento, se hallaron en breves dias á vista de la tierra que buscaban. Surgió la armada en el puerto de Ulúa, y Pámphilo de Narbáez echó algunos soldados en tierra para que tomasen lengua, y reconociesen las poblaciones vecinas. Hallaron estos á poca diligencia dos ó tres Españoles que andaban desmandados por aquel parage. Llevaronlos á la presencia de su Capitan; y ellos, ó temerosos de alguna violencia, ó inclinados á la novedad, le informaron de todo lo que pasaba en México y en la Vera Cruz, buscando su lisonja en el descredito de Cortés: sobre cuya noticia, fué lo primero que resolvió, tratar con Gonzalo de Sandoval que le rindiese aquella fortaleza de su cargo, manteniéndola por él, ó la desmanteláse, pasándose á su exército con la gente de la guarnicion. Encargó esta negociacion á su Clérigo que llevaba consigo, llamado Juan Ruiz de Guevara, hombre de condicion ménos reprimida que pedia el sacerdocio. Fueron con él tres soldados que sirviesen de testigos, y un Escribano Real, por si fuese necesario llegar á términos de notificacion. Tenia Gonzalo de Sandoval sus centinelas á trechos que observasen los movimientos de la armada, y se fuesen avisando unas á otras, por cuyo medio supo que venia mucho ántes que llegasen; y con certidumbre de que no los seguia mayor número de gente, mandó abrir las puertas de la villa, y se retiró á esperarlos en su posada. Llegaron ellos, no sin alguna presuncion de que serian bien admitidos: y el Clérigo, despues de las primeras urbanidades, y haber puesto en manos de Sandoval su carta de creencia, le dió noticia de las fuerzas con que venia Pámphilo de Narbáez á tomar satisfaccion por Diego Velazquez de la ofensa que le hizo Hernan Cortés en apartarse de su obediencia, siendo suya enteramente la conquista de aquella tierra, por haberse intentado de su órden, y á su costa. Hizo su proposicion como punto sin dificultad en que sobraban los motivos: y esperó gracias de venirle á buscar con un partido ventajoso, donde se habian juntado la fuerza y la razon. Respondióle Gonzalo de Sandoval con alguna destemplanza (mal escondida en el sosiego exterior):
"Que Pámphilo de Narbáez era su amigo, y tan atento vasallo de su Rey, que solo desearia lo que fuese mas conveniente á su servicio: que la ocurrencia de las cosas, y el mismo estado en que se hallaba la conquista, pedian que se uniesen sus fuerzas con las de Cortés, y le ayudáse á perficionar lo que tenia tan adelantado, tratándose primero de la primera obligacion; pues no se hizo el tribunal de las armas para querellas de particulares. Pero que dado caso que, anteponiendo el interés, ó la venganza de su amigo, se arrojáse á intentar alguna violencia contra Hernan Cortés, tuviese desde luego entendido que así él, como todos los soldados de aquella plaza querrian ántes morir á su lado, que concurrir á semejante desalumbramiento."
Sintió el Clérigo, como golpe improviso, esta repulsa; y mas acostumbrado á dexarse llevar, que á reprimir su natural, prorumpió en injurias y amenazas contra Hernan Cortés, llamándole traydor, y alargándose á decir que lo serian Gonzalo de Sandoval, y quantos le siguiesen. Procuraron unos y otros moderarle y contenerle, acordándole su dignidad, para que supiese á lo ménos la razon porque le sufrian; pero él, levantando la voz, sin mudar el estilo, mandó al Escribano: