"Que hiciese notorias las órdenes que llevaba, para que supiesen todos que habian de obedecer á Narbáez, pena de la vida:"
y no pudo lograr esta diligencia, porque la embarazó Gonzalo de Sandoval diciendo al Escribano, que le haria poner en una horca si se atreviese á notificarle órdenes que no fuesen del Rey. Crecieron tanto las voces y los desacatos, que los mandó llevar presos, no sin alguna impaciencia. Pero considerando poco despues el daño que podrian hacer si volviesen irritados á la presencia de Narbáez, resolvió enviarlos á México, para que se aseguráse de ellos Hernan Cortés, ó procuráse reducirlos: y lo executó sin dilacion, haciendo prevenir Indios de carga que los llevasen aprisionados sobre sus hombros en aquel género de andas que les servian de litéras. Fué con ellos por cabo de la guardia un Español de su confianza que se llamaba Pedro de Solís; encargóle que no se les hiciese molestia ni mal tratamiento en el camino: despachó correo, adelantando á Cortés esta noticia: y trató de prevenir su gente, y convocar los Indios amigos para la defensa de su plaza, disponiendo quanto le tocaba como advertido y cuidadoso Capitan.
No se puede negar que obró con algun arrojamiento mas que militar en la prision de aquel Sacerdote, dando á su irritacion sobrada licencia: si ya no la resolvió políticamente, considerando que no estaria bien cerca de Narbáez un hombre de aquella violencia y precipitacion, para que se consiguiese la paz que tanto convenia. Puedese creer que se dieron la mano en su resolucion el propio sentimiento, y la conveniencia principal: y si obró con esta mira, como lo persuade la misma reportacion con que le habia sufrido y respetado, no se debe culpar todo el hecho por este ó aquel motivo ménos moderado: que algunas veces acierta el enojo lo que no acertára la modestia, y sirve la ira de dar calor á la prudencia.
CAPITULO VI.
Discursos y prevenciones de Hernan Cortés en órden á excusar el rompimiento: introduce tratados de paz, no los admite Narbáez; ántes publica la guerra, y prende al Licenciado Lucas Vazquez de Ayllon.
De todas estas particularidades iba teniendo Hernan Cortés freqüentes avisos, que hicieron evidencia su rezelo: y poco despues supo que habia tomado tierra Pámphilo de Narbáez, y marchaba con su exército en órden la vuelta de Zempoala. Padeció mucho aquellos dias con su mismo discurso vario, en los medios, y perspicaz en los inconvenientes. No hallaba partido en que no quedáse mal satisfecho su cuidado. Buscar á Narbáez en la campaña con fuerzas tan desiguales era temeridad, particularmente quando se hallaba obligado á dexar en México parte de su gente, para cubrir el quartel, defender el tesoro adquirido, y conservar aquel género de guardia en que se dexaba estar Motezuma. Esperar á su enemigo en la ciudad era revolver los humores sediciosos, de que adolecian ya los Mexicanos, darles ocasion para que se armasen con pretexto de la propia defensa y tener otro peligro á las espaldas. Introducir pláticas de paz con Narbáez, y solicitar la union de aquellas fuerzas, siendo lo mas conveniente, le pareció lo mas dificultoso, por conocer la dureza de su condicion, y no hallar camino de reducirle, aunque se rindiese á rogarle con su amistad; á que no se determinaba, por ser el ruego poco feliz con los porfiados, y en proposiciones de paz desayrado medianero. Poniasele delante la perdicion total de su conquista, el malogro de aquellos grandes principios, la causa de la Religion desatendida el servicio del Rey atropellado; y era su mayor congoja el hallarse obligado á fingir seguridad y desahogo, trayendo en el rostro la quietud, y dexando en el pecho la tempestad.
A Motezuma decia que aquellos Españoles eran vasallos de su Rey, que traerian segunda embaxada, en prosecucion de la primera: que venian con exército por costumbre de su Nacion: que procuraria disponer que se volviesen, y volveria con ellos, pues se hallaba ya despachado, sin que hubiese dexado su grandeza que desear á los que venian de nuevo con la misma proposicion. A sus soldados animaba con varios presupuestos, cuya falencia conocia. Deciales que Narbáez era su amigo, y hombre de tantas obligaciones, y de tan buena capacidad, que no dexaria de inclinarse á la razon, anteponiendo el servicio de Dios y del Rey á los intereses de un particular: que Diego Velazquez habia despoblado la Isla de Cuba, para disponer su venganza, y á su parecer, les enviaba un socorro de gente con que proseguir su conquista; porque no desconfiaba de que se hiciesen compañeros los que venian como enemigos. Con sus Capitanes andaba ménos recatado: comunicabales parte de sus rezelos: discurria como de prevencion en los accidentes que se podian ofrecer: ponderaba la poca milicia de Narbáez, la mala calidad de su gente, la injusticia de su causa y otros motivos de consuelo, en que trabajaba tambien su disimulacion, dándoles en la verdad mas esperanzas que tenia.
Pidióles finalmente su parecer, como lo acostumbraba en casos de semejante conseqüencia, y disponiendo que le aconsejasen lo que tenia por mejor, resolvió tentar primero el camino de la paz, y hacer tales partidos á Narbáez, que no se pudiese negar á ellos, sin cargar sobre sí los inconvenientes del rompimiento. Pero al mismo tiempo hizo algunas prevenciones para cumplir con su actividad. Avisó á sus amigos los de Tlascála que le tuviesen prontos hasta seis mil hombres de guerra para una faccion en que sería posible haberlos menester. Ordenó al cabo de tres ó quatro soldados Españoles, que andaban en la provincia de Chinantlá descubriendo las minas de aquel parage, que procuráse disponer con los Caciques una leva de otros dos mil hombres, y que los tuviese prevenidos para marchar con ellos al primer aviso. Eran los Chinantécas enemigos de los Mexicanos, y se habian declarado con grande afecto por los Españoles, y enviado secretamente á dar la obediencia: gente valerosa y guerrera, que le pareció tambien á propósito para reforzar su exército: y acordándose de haber oido alabar las picas, ó lanzas de que usaban en sus guerras, por ser de vara consistente, y de mayor alcance que las nuestras, dispuso que le traxesen luego trescientas para repartirlas entre sus soldados, y las hizo armar con puntas de cobre templado, que suplia bastantemente la falta del hierro; prevencion que adelantó á las demas, porque le daba cuidado la cabellería de Narbáez, y porque hubiese tiempo de imponer en el manejo de ellas á los Españoles.
Llegó entretanto Pedro de Solís con los presos que remitia Gonzalo de Sandoval: avisó á Cortés, y esperó su órden ántes de entrar en la laguna. Pero él, que ya los aguardaba por la noticia que vino delante, salió á recibirlos con mas que ordinario acompañamiento. Mandó que les quitasen las prisiones. Abrazólos con grande humanidad, y al Licenciado Guevara primera y segunda vez con mayor agasajo. Dixole: