"Que castigaria á Gonzalo de Sandoval la desatencion de no respetar como debia su persona y dignidad."
Llevóle á su quarto, dióle su mesa, y le significó algunas veces con bien adornada exterioridad
"Quánto celebraba la dicha de tener á Pámphilo de Narbáez en aquella tierra, por lo que se prometia de su amistad, y antiguas obligaciones."
Cuidó de que anduviesen delante de él alegres y animosos los Españoles. Pusole donde viese los favores que le hacia Motezuma, y la veneracion con que le trataban los Príncipes Mexicanos. Dióle algunas joyas de valor, con que iba quebrantando los ímpetus de su natural. Hizo lo mismo con sus compañeros; y sin darles á entender que necesitaba de sus oficios para suavizar á Narbáez, los despachó dentro de quatro dias, inclinados á su razon, y cautivos de su liberalidad.
Hecha esta primorosa diligencia, y dexando al tiempo lo que podria fructificar, resolvió enviar persona de satisfaccion que propusiese á Narbáez los medios que parecian practicables, y eran convenientes. Eligió para esta negociacion al Padre Fray Bartolomé de Olmedo, en quien concurrian con ventajas conocidas la eloqüencia y la autoridad. Abrevió quanto fué posible su despacho, y le dió cartas para Narbáez, para el Licenciado Lucas Vazquez de Ayllon, y para el Secretario Andres de Duero, con diferentes joyas que repartiese conforme al dictámen de su prudencia. Era la importancia de la paz el argumento de las cartas, y en la de Narbáez
"Le daba la bien venida con palabras de toda estimacion: y despues de acordarle su amistad y confianza, le informaba el estado en que tenia su conquista, descubriéndole por mayor las provincias que habia sujetado la sagacidad y valentía de sus naturales, el poder y grandezas de Motezuma;"
no tanto para encarecer su hazaña, como para traerle al conocimiento de lo que importaba que se uniesen ambos exércitos á perficionar la empresa. Dabale á entender
"Quánto se debia rezelar que los Mexicanos, gente advertida y belicosa, llegasen á conocer discordia entre los Españoles, porque sabrian aprovecharse de la ocasion, y destruir ambos partidos para sacudir el yugo forastero. Y últimamente le decia: que para excusar lances y disputas, convendria que sin mas dilacion le hiciese notorias las órdenes que llevaba: porque si eran del Rey, estaba pronto á obedecerlas, dexando en sus manos el baston y el exército de su cargo; pero si eran de Diego Velazquez, debian ambos considerar con igual atencion lo que aventuraban: porque á vista de una dependencia en que se interponia la causa del Rey, hacian poco vulto las pretensiones de un vasallo, que se podrian ajustar á ménos costa: siendo su ánimo satisfacerle todo el gasto de su primer avío, y partir con él, no solamente las riquezas, sino la misma gloria de la conquista."
En este sentir concluyó su carta: y pareciéndole que se habia detenido mucho en el deseo de la paz, añadió en el fin algunas claúsulas briosas, dándole á entender
"Que no se valia de la razon porque le faltasen las manos; y que de la misma suerte que sabía ponderarla, sabria defenderla."