Pero el Licenciado Lucas Vazquez de Ayllon, que llegó advertidamente á la sazon, fué de sentir que se debia convocar ántes una junta en que se hallasen todos los Cabos del exército, para que se discurriese con mayor acuerdo la respuesta que se habia de dar á Hernan Cortés, puesto que se mostraba inclinado á la paz, y no parecia dificultoso que se llegáse á poner en términos proporcionados y decentes: á cuya proposicion se inclinaban algunos de los Capitanes que se hallaron presentes; pero Narbáez la oyó con un género de impaciencia, que tocaba en desprecio: y para responder de una vez al Oidor y al Religioso, mandó publicar á sus oidos con voz de pregonero la guerra contra Hernan Cortés á sangre y fuego, declarándole por traydor al Rey, señalando talla para quien le prendiese ó matáse, y dando las órdenes para que se previniese la marcha del exército.
No pudo, ni debió aquel Ministro sufrir, ó tolerar semejante desacato, ni dexar de ocurrir al remedio con su autoridad. Mandó que cesasen los pregones: hizole notificar
"Que no se moviese de Zempoala, pena de la vida, ni usáse de aquellas armas sin acuerdo y parecer de todo el exército."
Ordenó á los Capitanes y soldados que no le obedeciesen, y duró en sus protestas y requerimientos con tanta resolucion, que Narbáez, ciego ya de cólera, y perdido el respeto á su persona y representacion, le hizo prender ignominiosamente, y dispuso que le llevasen luego á la Isla de Cuba en uno de sus baxeles: de cuya execucion volvió escandalizado el Padre Fray Bartolomé de Olmedo sin otra respuesta: y lo quedaron tanto sus mismos Capitanes y soldados, que los de mayor discurso, viendo prender á un Ministro de aquella suposicion, se hallaron obligados á mirar con alguna cautela por el servicio del Rey; y los de ménos punto, con bastante materia para la murmuracion, y el desafecto á su Capitan: mejorándose con este atrevimiento de Narbáez la causa de Cortés en la inclinacion de los soldados, y sirviéndole como diligencias suyas los mismos desaciertos de su enemigo.
CAPITULO VII.
Persevera Motezuma en su buen ánimo para con los Españoles de Cortés, y se tiene por improbable la mudanza que atribuyen algunos á diligencias de Narbáez. Resuelve Cortés, su jornada, y la executa, dexando en México parte de su gente.
Asientan algunos de nuestros escritores, que Pámphilo de Narbáez introduxo pláticas de grande intimidad y confidencia con Motezuma: que iban y venian correos de México á Zempoala, por cuyo medio le dió á entender que traia comision de su Rey para castigar los desafueros y exôrbitancias de Cortés: que no solo él, sino todos los que seguian sus banderas, andaban foragidos, y fuera de obediencia: y que, habiendo sabido la opresion en que se hallaba su persona, trataria luego de marchar con su exército, para dexarle restituido en su libertad, y en pacífica posesion de sus dominios, con otras imposturas de semejante malignidad. A cuyas esperanzas, dicen, no solo asintió Motezuma, pero que llegó á entenderse con él, y le hizo grandes presentes, recatándose de Cortés, y deseando romper su prision con ocultas diligencias. No sabemos como pudieron llegar á sus oidos estas sugestiones; porque Narbáez no tuvo intérpretes con que darse á entender á los Indios, ni pudo introducir por su medio, con el lenguage de las señas, tan concertada negociacion. De sus Españoles solo vinieron á México el Licenciado Guevara con los demas que remitió Sandoval: y estos no hablaron reservadamente á Motezuma; ni quando se diera en Cortés semejante descuido, pudieran hacer este razonamiento sin valerse de Aguilar y Doña Marina: caso incompatible con lo que se refiere de su fidelidad. Debese creer que los Indios Zempoales conocieron de los semblantes y señas exteriores la enemistad y oposicion de aquellos dos exércitos, cuya noticia dieron á Motezuma sus confidentes ó ministros: porque no es dudable que la tuvo, ántes que se la participáse Cortés; pero de lo mismo que obró en esta ocasion, se arguye que tenia el ánimo seguro, y sin alguna preocupacion de siniestros informes.
No se niega que hizo algunos presentes de consideracion á Narbáez; pero tampoco se colige de ellos que hubiese correspondencia entre los dos; porque aquellos Príncipes solian usar este género de agasajo con los extrangeros que arribaban á sus costas, como se hizo con el exército de Cortés, á quien pudo encubrir sin artificio esta demostracion, por ser materia sin novedad, ó por hacer ménos caso de sus dádivas. Pero es de reparar que hasta en ellas mismas, fuesen ocultas ó ignoradas, hubo requisitos ó circunstancias casuales que aprovecharon al credito de Cortés; porque al recibirlas descubrió Narbáez mas complacencia ó mas aplicacion que fuera conveniente. Mandabalas guardar con demasiada cuenta y razon, sin dar alguna seña de su liberalidad á los que mas favorecia: y los soldados (que no conocen su avaricia quando culpan la de sus Capitanes) empezaron á desanimarse con este desengaño de sus esperanzas: y poniendo el propio interés entre las causas de la guerra, ó daban la razon á Cortés, ó se la quitaban al ménos generoso.
Volvió finalmente de su jornada Fray Bartolomé de Olmedo; y Hernan Cortés halló en su relacion lo mismo que rezelaba de Narbáez: sintió el desprecio de sus proposiciones ménos por sí, que por su razon: conoció en la prision del Oidor quan lejos estaba de atender al servicio del Rey quien traía tan desenfrenada la osadía: oyó sin enojo, á lo ménos exterior, las injurias y denuestos con que maltrataba sus ausencias: y ponderan justamente los autores que, llegando á su noticia por diversas partes el menosprecio con que hablaba de su persona, las indecencias de su estilo, y quánto le repetia el oprobio de traydor, no se le oyó jamas una palabra descompuesta, ni dexar de llamar á Pámphilo de Narbáez por su nombre. ¡Rara constancia ó predominio sobre sus pasiones! y digno siempre de envidia un corazon donde caben los agravios sin estorvar el sufrimiento!