Consolóse mucho con la noticia que le dió Fray Bartolomé de Olmedo de la buena disposicion que habia reconocido en la gente de Narbáez, por la mayor parte deseosa de la paz, ó con poco afecto á sus dictámenes; y no desconfió de hacerle la guerra, ó traerle al ajustamiento que deseaba con la fuerza ó con la floxedad de sus mismos soldados. Comunicó uno y otro á sus Capitanes; y considerados los inconvenientes que por todas partes ocurrian, se tuvo por el menor ó el ménos aventurado salir á la campaña con el mayor número de gente que fuese posible: procurar incorporarse con los Indios que se habian prevenido en Tlascála y Chinantlá; y marchar unidos la vuelta de Zempoala con presupuesto de hacer alto en algun lugar amigo, para volver á introducir desde mas cerca las pláticas de la paz: logrando la ventaja de capitular con las armas en la mano, y la conveniencia de asistir en parage donde se pudiese recoger la gente de Narbáez que se determináse á dexar su partido. Publicóse luego entre los soldados esta resolucion, y se recibió con notable aplauso y alegría. No ignoraban la desigualdad incomparable del exército contrario; pero estuvieron á vista del peligro tan lejos del temor, que los de ménos obligaciones hicieron pretension de salir á la empresa: y fué necesario que trabajasen el ruego y la autoridad, quando llegó el caso de nombrar á los que se dexaron en México. Tanto se fiaban los unos en la prudencia, los otros en el valor, y los mas en la fortuna de su Capitan: que así llamaban aquella repeticion extraordinaria de sucesos favorables con que solia conseguir quanto intentaba: propiedad que puede mucho en el ánimo de los soldados, y pudiera mas, si supieran retribuir á su Autor estos efectos inopinados, que se llaman felicidades, porque vienen de causa no entendida.

Pasó luego Hernan Cortés al quarto de Motezuma, prevenido ya de varios pretextos para darle cuenta de su viage, sin descubrirle su cuidado; pero él le obligó á tomar nueva senda en su discurso dando principio á la conversacion. Recibióle diciendo:

"Que habia reparado en que andaba cuidadoso, y sentia que le hubiese recatado la ocasion, quando por diferentes partes le avisaban que venia de mal ánimo contra él y contra los suyos aquel Capitan de su Nacion que residia en Zempoala: y que no estrañaba tanto que fuesen enemigos por alguna querella particular, como que, siendo vasallos de un Rey, acaudillasen dos exércitos de contraria faccion; en los quales era preciso que por lo ménos el uno anduviese fuera de su obediencia."

Esta noticia no esperada en Motezuma, y esta reconvencion que tenia fuerza de argumento, pudieran embarazar á Cortés: y no dexaron de turbarle interiormente; pero con aquella prontitud natural que le sacaba de semejantes aprietos, le respondió sin detenerse:

"Que los que habian observado la mala voluntad de aquella gente, y las amenazas imprudentes de su caudillo, le avisaban la verdad, y él venia con ánimo de comunicarsela, no habiendo podido cumplir ántes con esta obligacion, porque acababa de llegar el Padre Fray Bartolomé de Olmedo con el primer aviso de semejante novedad. Que aquel Capitan de su Nacion, aunque tan arrojado en las demostraciones de su enojo, no se debia mirar como inobediente, sino como engañado en el servicio de su Rey: porque venia despachado con veces de substituto y Lugarteniente de un Gobernador poco advertido, que por residir en provincia muy distante, no sabía las últimas resoluciones de la Corte, y estaba persuadido á que le tocaba por su puesto la funcion de aquella embaxada. Pero que todo el aparato de tan frívola pretension se desvaneceria fácilmente sin mas diligencia que manifestarle sus despachos: en cuya virtud se hallaba con plena jurisdiccion para que le obedeciesen todos los Capitanes y soldados que se dexasen ver en aquellas costas; y ántes que pasáse á mayor empeño su ceguedad, habia resuelto marchar á Zempoala con parte de su gente para disponer que se volviesen á embarcar aquellos Españoles, y darles á entender que ya debian respetar los pueblos del Imperio Mexicano como admitidos á la proteccion de su Rey. Lo qual executaria luego; siendo el principal motivo de abreviar su jornada la justa consideracion de no permitir que se acercasen á su corte, por componerse aquel exército de gente ménos atenta y ménos corregida que fuera razon, para fiarse de su vecindad sin riesgo de que pudiesen ocasionar alguna turbacion entre sus vasallos."

Así procuró interesarle como pudo en su resolucion: y Motezuma, que sabía ya las vexaciones de que se quejaban los Zempoales, alabó su atencion, teniendo por conveniente que se procurasen apartar de su corte aquellos soldados de tan violento proceder; pero le pareció temeridad que, habiéndose ya declarado por sus enemigos, y hallándose con fuerzas tan superiores á las suyas, se aventuráse á la contingencia de que no le atendiesen ó le atropellasen. Ofrecióle formar exército que le guardáse las espaldas, cuyos cabos irian á su órden, y la llevarian de obedecerle y respetarle como á su misma persona: punto que procuró esforzar con diferentes instancias, en que se dexaba conocer el afecto sin alguna mezcla de afectacion. Pero Hernan Cortés agradeció la oferta, y se defendió de admitirla; porque, á la verdad, fiaba poco de los Mexicanos, y no quiso incurrir en el desacierto de admitir armas auxîliares que le pudiesen dominar: como quien sabía quánto embaraza en las facciones de la guerra tener á un tiempo empeñada la frente, y el lado rezeloso.

Suavizados en esta forma los motivos de su viage, dió todo el cuidado á las demas prevenciones, con ánimo de volver á sus inteligencias ántes que se moviese Narbáez. Resolvió dexar en México hasta ochenta Españoles á cargo de Pedro de Alvarado, que pareció á todos mas á propósito, porque tenia el afecto de Motezuma, y sobre ser Capitan de valor y entendimiento, le ayudaban mucho la cortesanía y el despejo natural para no ceder á las dificultades, y pedir al ingenio lo que faltáse á las fuerzas. Encargóle que procuráse mantener á Motezuma en aquella especie de libertad que le hacia desconocer su prision: resistiendo quanto fuese posible que se estrecháse pláticas secretas con los Mexicanos: dexó á su cargo el tesoro del Rey y de los particulares; y sobre todo, le advirtió

"quánto importaba conservar aquel pie de su exército en la corte, y aquel Príncipe á su devocion:"

presupuestos á que debia encaminar sus operaciones con igual vigilancia, por consistir en ellos la comun seguridad.

A los soldados ordenó