fuese de la misma sedicion, ó fuese del peligro en que se hallaban aquellos Españoles, que uno y otro arguye confianza y sinceridad.

No fué necesario poner en consulta la resolucion que se debia tomar en este caso, porque se adelantó el voto comun de los Capitanes, y soldados á mirar como empeño inexcusable la jornada: pasando algunos á tener por oportuno y de buen presagio un accidente que les servia de pretexto para excusar la desunion de sus fuerzas, y volver con todo el grueso á la corte; de cuya reduccion debian tomar su principio las demas conquistas. Nombró luego Hernan Cortés por Gobernador de la Vera Cruz, como Teniente de Gonzalo de Sandoval, á Rodrigo Rangel, persona de cuya inteligencia y cuidado pudo fiar la seguridad de los prisioneros y la conservacion de los aliados. Hizo que pasáse muestra su exército; y dexando en aquella plaza la guarnicion que pareció necesaria, y bastante seguridad en los baxeles, halló que constaba de mil infantes y cien caballos. Dividióse la marcha en diferentes veredas, por no incomodar los pueblos, ó por facilitar la provision de los víveres: señalóse por plaza de armas un parage conocido cerca de Tlascála, donde pareció que debian entrar unidos y ordenados: y aunque fueron delante algunos comisarios á tener bastecidos los tránsitos, no bastó su diligencia para que dexasen de padecer los que iban fuera del camino principal algunos ratos de hambre y sed intolerable. Fatiga que sufrieron los de Narbáez sin descaecer ni murmurar; siendo aquellos mismos que poco ántes rindieron el sufrimiento á menor inclemencia. Pudose atribuir esta novedad al exemplo de los veteranos, ó á las esperanzas que llevaban en el corazon: dexando alguna parte á la diferencia del Capitan, cuya opinion suele tener sus influencias ocultas en la paciencia de los soldados.

Antes de partir, respondió Hernan Cortés por escrito á Pedro de Alvarado, y por su Embaxador á Motezuma, dándoles cuenta de su victoria, de su vuelta y del aumento de su exército: al uno, para que se alentase con esperanza de mayor socorro: y al otro, para que no extrañáse verle con tantas fuerzas, quando los tumultos de su corte le obligaban á no dividirlas. Procuró medir el tiempo con la necesidad: alargó las marchas quanto pudo: estrechó las horas al descanso, hallándole su actividad en su mismo trabajo. Hizo alguna mansion en la plaza de armas para recoger la gente que venia extraviada: y últimamente llegó á Tlascála en diez y siete de Junio con todo el exército puesto en órden, cuya entrada fué lucida y festejada. Magiscatzín hospedó á Cortés en su casa: los demas hallaron comodidad, obsequio y regalo en su alojamiento. Andaba en los Tlascaltécas mal encubierto el odio de los Mexicanos con el amor de los Españoles: referian su conspiracion, y el aprieto en que se hallaba Pedro de Alvarado, con circunstancias de mas afectacion que certidumbre: ponderaban el atrevimiento y la poca fé de aquella nacion, provocando los ánimos á la venganza, y mezclando con poco artificio el avisar y el influir. Culpas encarecidas con zelo sospechoso, y verdades en boca del enemigo, que se introducen como informes para declinar en acusaciones.

Resolvió el Senado hacer un esfuerzo grande, y convocar todas sus milicias para que asistiesen á Cortés en esta ocasion, no sin alguna razon de estado, mejor entendida que recatada: porque deseaban arrimar su interés á la causa del amigo, y servirse de sus fuerzas para destruir de una vez la nacion dominante que tanto aborrecian. Conocióse fácilmente su intencion; y Hernan Cortés con señas de agradecido y lisonjeado reprimió el orgullo con que se disponian á seguirle, contraponiendo á las instancias del Senado algunas razones aparentes, que en la substancia venian á ser pretextos contra pretextos. Pero admitió hasta dos mil hombres de buena calidad, con sus Capitanes ó Cabos de quadrillas, los quales siguieron su marcha, y fueron de servicio en las ocasiones siguientes. Llevó esta gente por dar mayor seguridad á su empresa, ó mantener la confianza de los Tlascaltécas, acreditados ya de valientes contra los Mexicanos: y no llevó mayor número por no escandalizar á Motezuma, ó poner en desesperacion á los rebeldes. Era su intento entrar en México de paz, y ver si podia reducir aquel pueblo con los remedios moderados, sin acordarse por entónces de su irritacion, ni discurrir en el castigo de los culpados; si ya no queria que fuese primero la quietud: por ser dos cosas que se consiguen mal á un mismo tiempo, el sosiego de la sedicion, y el escarmiento de los sediciosos.

Llegó á México dia de San Juan, sin haber hallado en el camino mas embarazo que la variedad y discordancia de las noticias. Pasó el exército la laguna sin oposicion, aunque no faltaron señales que hiciesen novedad en el cuidado. Hallaronse deshechos y abrasados los dos bergantines de fábrica Española; desiertos los arrabales y el barrio de la entrada: rotos los puentes que servian á la comunicacion de las calles: y todo en un silencio que parecia cauteloso. Indicios que obligaron á caminar poco á poco, suspendiendo los avances, y ocupando la infantería lo que dexaban reconocido los caballos. Duró este rezelo hasta que, descubriendo el socorro los Españoles que asistian á Motezuma, levantaron el grito y aseguraron la marcha. Baxó con ellos Pedro de Alvarado á la puerta del alojamiento, y se celebró la comun felicidad con igual recocijo. Victoreabanse unos á otros en vez de saludarse: todos se interrumpian: dixeron mucho los brazos y las medias razones: eloqüencias del contento, en que significan mas las voces que las palabras.

Salió Motezuma con algunos de sus criados hasta el primer patio, donde recibió á Cortés, tan copiosa de afectos su alegría, que tocó en exceso, y se llevó tras sí la majestad. Es cierto, y nadie lo niega, que deseaba su venida, porque ya necesitaba de sus fuerzas y consejo para reprimir á los suyos, ó por la misma privacion en que se hallaba de aquel género de libertad que le permitia Cortés, dexándole salir á sus divertimientos: licencia de que no quiso usar en todo el tiempo de su ausencia: siendo cierto que ya consistia su prision en la fuerza de su palabra, cuyo desempeño le obligó á no desviarse de los Españoles en aquella turbacion de su república.

Bernal Diaz del Castillo dice que correspondió Hernan Cortés con desabrimiento á esta demostracion de Motezuma: que le torció el rostro, y se retiró á su quarto sin visitarle ni dexarse visitar: que dixo contra él algunas palabras descompuestas delante de sus mismos criados: y añade como de propio dictámen:

"Que por tener consigo tantos Españoles, hablaba tan ayrado y descomedido."

Terminos son de su Historia. Y Antonio de Herrera le desautoriza mas en la suya: porque se vale de su misma confesion para comprobar su desacierto con estas palabras: