"Muchos han dicho haber oido decir á Hernando Cortés que, si en llegando visitára á Motezuma, sus cosas pasaran bien; y que lo dexó, estimándole en poco por hallarse tan poderoso."
Y trae á este propósito un lugar de Cornelio Tácito, cuya substancia es, que los sucesos prósperos hacen insolentes á los grandes Capitanes. No lo dice así Francisco Lopez de Gómara, ni el mismo Hernan Cortés en la segunda relacion de su jornada, que pudiera tocarlo para dar los motivos que le obligaron á semejante aspereza, tuviese razon, ó fuese disculpa. Quede al arbitrio de la sinceridad el credito que se debe á los Autores, y seanos lícito dudar en Cortés una sinrazon tan fuera de propósito. Los mismos Herrera y Castillo asientan que Motezuma resistió esta sedicion de sus vasallos: que los detuvo y reprimió siempre: que intentaron asaltar el quartel: y que, si no fuera por la sombra de su autoridad, hubieran perecido infaliblemente Pedro de Alvarado y los suyos. Nadie niega que Cortés lo llevó entendido así; ni el hallarle cumpliendo su palabra le dexaba razon de dudar: siendo fuera de toda proporcion que aquel Príncipe moviese las armas que detenia, y se dexáse estar cerca de los que intentaba destruir. Accion parece indigna de Cortés el despreciarle, quando podia llegar el caso de haberle menester, y no era de su genio la destemplanza que se le atribuye como efecto de la prosperidad. Puedese creer, ó sospechar á lo ménos, que Antonio de Herrera entró con poco fundamento en esta noticia, reincidiendo en los manuscritos de Bernal Diaz, apasionado intérprete de Cortés: y pudo ser que se inclináse á seguir su opinion por lograr la sentencia de Tácito. Ambicion peligrosa en los historiadores: porque suele torcerse ó ladearse la narracion para que vengan á propósito las márgenes y no es de todos entenderse á un tiempo con la verdad y con la erudicion.
CAPITULO XII.
Dáse noticia de los motivos que tuvieron los Mexicanos para tomar las armas. Sale Diego de Ordaz con algunas compañías á reconocer la ciudad: da en una zelada que tenian prevenida; y Hernan Cortés resuelve la guerra.
Dos ó tres dias ántes que llegáse á México el exército de Cortés se retiraron los rebeldes á la otra parte de la ciudad; cesando en sus hostilidades cavilosamente, segun lo que se pudo inferir del suceso. Hallábanse asegurados en el exceso de sus fuerzas, y orgullosos de haber muerto en los combates pasados tres ó quatro Españoles: caso extraordinario, en que adquirieron, á costa de mucha gente, nueva osadía ó mayor insolencia. Supieron que venia Cortés, y no pudieron ignorar lo que habia crecido su exército; pero estuvieron tan lejos de temerle, que hicieron aquel ademan de retirarse para dexarle franca la entrada, y acabar con todos los Españoles despues de tenerlos juntos en la ciudad. No se llegó á penetrar entónces este designio, aunque se tuvo por ardid la retirada: y pocas veces se engaña quien discurre con malicia en las acciones del enemigo.
Alojóse todo el exército en el recinto del mismo quartel, donde cupieron Españoles y Tlascaltécas con bastante comodidad: distribuyeronse las guardias y las centinelas, segun el rezelo á que obligaba una guerra que habia cesado sin ocasion; y Hernan Cortés se apartó con Pedro de Alvarado para inquirir el orígen de aquella sedicion, y pasar á los remedios con noticia de la causa. Hallamos en este punto la misma variedad en que otras veces ha tropezado el curso de la pluma. Dicen unos que las inteligencias de Narbáez consiguieron esta conjuracion del pueblo Mexicano; y otros que dispuso el motin, y le fomentó Motezuma con ansia de su libertad: en que no es necesario detenernos, pues se ha visto ya el poco fundamento con que se atribuyeron á Narbáez estas negociaciones ocultas; y queda bastantemente defendido Motezuma de semejante inconseqüencia. Dieron algunos el principio de la conspiracion á la fidelidad de los Mexicanos, refiriendo que tomaron las armas para sacar de opresion á su Rey: dictámen que se acerca mas á la razon que á la verdad. Otros atribuyeron este rompimiento al gremio de los sacerdotes, y no sin alguna probabilidad: porque anduvieron mezclados en el tumulto, publicando á voces las amenazas de sus Dioses, y enfureciendo á los demas con aquel mismo furor que los disponia para recibir sus respuestas. Repetian ellos lo que hablaba el demonio en sus ídolos; y aunque no fué suyo el primer movimiento, tuvieron eficacia y actividad para irritar los ánimos, y mantener la sedicion.
Los Escritores forasteros se apartan mas de lo verisímil, poniendo el orígen y los motivos de aquella turbacion entre las atrocidades con que procuran desacreditar á los Españoles en la conquista de las Indias: y lo peor es que apoyan su malignidad citando al Padre Fray Bartolomé de las Casas ó Casaus, que fué despues Obispo de Chiapa, cuyas palabras copian y traducen, dándonos con el argumento de Autor nuestro y testigo calificado. Lo que dexó escrito y anda en sus obras es, que los Mexicanos dispusieron un bayle público, de aquellos que llamaban mitotes, para divertir ó festejar á Motezuma: y que Pedro de Alvarado, viendo las joyas de que iban adornados, convocó su gente, y embistió con ellos, haciéndolos pedazos para quitarselas: en cuyo miserable despojo, dice, que fueron pasados á cuchillo mas de dos mil hombres de la Nobleza Mexicana; con que dexa la conspiracion en términos de justa venganza. Notable despropósito de accion, en que hace falta lo congruente y lo posible. Solicitaba entónces este Prelado el alivio de los Indios, y encareciendo lo que padecian, cuidó ménos de la verdad que de la ponderacion. Los mas de nuestros Escritores le convencen de mal informado en esta y otras enormidades que dexó escritas contra los Españoles. Dicha es hallarle impugnado, para entendernos mejor con el respeto que se debe á su dignidad.
Pero lo cierto fué, que Pedro de Alvarado, poco despues que se apartó de México Hernan Cortés, reconoció en los nobles de aquella corte ménos atencion ó ménos agrado; cuya novedad le obligó á vivir cuidadoso, y velar sobre sus acciones. Valióse de algunos confidentes, que observasen lo que pasaba en la ciudad: supo que andaba la gente inquieta y misteriosa, y que se hacian juntas en casas particulares, con un género de recato mal seguro, que ocultaba el intento, y descubria la intencion. Dió calor á sus inteligencias, y consiguió con ellas la noticia evidente de una conjuracion que se iba forjando contra los Españoles; porque ganó algunos de los mismos conjurados que venian con los avisos, afeando la traycion, sin olvidar el interés. Ibase acercando una fiesta muy solemne de sus ídolos, que celebraban con aquellos bayles públicos, mezcla de nobleza y plebe, y conmocion de toda la ciudad. Eligieron este dia para su faccion, suponiendo que se podrian juntar descubiertamente sin que hiciese novedad. Era su intento dar principio al bayle para convocar el pueblo, y llevarsele tras sí con la diligencia de apellidar la libertad de su Rey y la defensa de sus Dioses: reservando para entónces el publicar la conjuracion, por no aventurar el secreto, fiándose anticipadamente de la muchedumbre: y á la verdad no tenian mal discurrido: que pocas veces falta el ingenio á la maldad.