"Quanto disonaban aquellas prevenciones de guerra donde todos estaban sujetos, obedientes y deseosos de agradar: que la vigilancia con que se vivia en el quartel denotaba poca seguridad; y los soldados que salian á la ciudad con sus rayos al hombro; puesto que no hiciesen mal, ofendian mas con la desconfianza, que ofendieran con el agravio. Dixo que las armas se debian tratar como peso inútil donde no eran necesarias, y parecian mal entre amigos de buena ley, y desarmados:"

y concluyó, suplicando encarecidamente á Cortés de parte del Senado, y toda la ciudad:

"Que mandáse cesar en aquellas demostraciones y aparatos, que, al parecer, conservaban señales de guerra mal fenecida, ó por lo ménos eran indicios de amistad escrupulosa."

Cortés le respondió:

"Que tenia conocida la buena correspondencia de sus ciudadanos, y estaba sin rezelo de que pudiesen contravenir á la paz que tanto habian deseado: que las guardias que se hacian, y el cuidado que reparaban en su alojamiento, era conforme á la usanza de su tierra, donde vivian siempre militarmente los soldados, y se habilitaban en el tiempo de la paz á los trabajos de la guerra, por cuyo medio se aprendia la obediencia, y se hacia costumbre la vigilancia: que las armas tambien eran adorno y circunstancia de su trage, y las traían como gala de su profesion; por cuya causa les pedia que se asegurasen de su amistad, y no estrañasen aquellas demostraciones propias de su milicia, y compatibles con la paz entre los de su nacion."

Halló camino de satisfacer á sus amigos, sin faltar á la razon de su cautela: y Magiscatzín, hombre de espíritu guerrero, que habia gobernado en su mocedad las armas de su república, se agradó tanto de aquel estilo militar y loable costumbre, que no solo volvió sin queja, pero fué deseoso de introducir en sus exércitos este género de vigilancia y exercicios, que distinguian y habilitaban los soldados.

Quietaronse con esta noticia los paisanos, y asistian todos con diligente servidumbre al obsequio de los Españoles. Conociase mas cada dia su voluntad: los regalos fueron muchos, cazas de todos géneros, y frutas extraordinarias, con algunas ropas y curiosidades de poco precio, pero lo mejor que daba de sí la penuría de aquellos montes, cerrados al comercio de las regiones que producian el oro y la plata. La mejor sala del alojamiento se reservó para capilla, donde se levantó sobre gradas el altar, y se colocaron algunas imágenes con la mayor decencia que fué posible. Celebrabase todos los dias el santo sacrificio de la Misa con asistencia de los Indios principales, que callaban admirados ó respectivos; y aunque no estuviesen devotos, cuidaban de no estorvar la devocion. Todo lo reparaban, y tódo les hacia novedad, y mayor estimacion de los Españoles: cuyas virtudes conocian y veneraban, mas por lo que se hacen ellas amar, que porque las supiesen el nombre, ni las exercitasen.

Un dia preguntó Magiscatzín á Cortés:

"Si era mortal: porque sus obras y las de su gente parecian mas que naturales, y contenian en sí aquel género de bondad y grandeza que consideraban ellos en sus Dioses; pero que no entendian aquellas ceremonias con que, al parecer, reconocian otra Deidad superior: porque los aparatos eran de sacrificio, y no hallaban en él la víctima, ó la ofrenda con que se aplacaban los Dioses; ni sabian que pudiese haber sacrificio, sin que muriese alguno por la salud de los demas."

Con esta ocasion tomó la mano Cortés, y satisfaciendo á sus preguntas, confesó con ingenuidad: