Nuño. Sabed que desde hoy
soy Justicia de Aragón,
y si mi poder alcanza
a los traidores, os juro
por mi honor, como el sol puro,
que han de sentir mi venganza.
Guillén. Pero dejando esto a un lado,
que importa más vuestra vida,
¿cómo os va de aquella herida?[34]
Nuño. Me siento muy mejorado.
Guillén. Ya era tiempo.
Nuño. Un año hará
que la recibí, por Cristo;
muy cerca la muerte he visto,
mas bueno me siento ya.
Guillén. La suerte al fin del trovador
os dio la venganza presto.
Nuño. No me habléis, Guillén, en esto;
habladme de Leonor,
que hace un año, más de un año,
mientras me duró mi herida,
que no me habláis, por mi vida,
de vuestra hermana, y lo extraño.
Guillén. ¡Don Nuño!...
Nuño. Desque dejó
el servicio de su Alteza,
de contemplar su belleza,
dura también me privó.
¿Consiente al fin en unir
su suerte a la suerte mía?
¿Se muestra menos impía?
Guillén. Conde, ¿qué os puedo decir?
En vano fue amenazar,
y nada alcanzó mi ruego;
esposa de Dios va luego
a postrarse ante el altar.