Nuño. ¡Encerrarse en un convento!
¿Eso prefiere más bien?

Guillén. En el de Jerusalén[35]
va a profesar al momento.

Nuño. ¡Ingrata!

Guillén. Cuando el rumor
llegó, don Nuño, a su oído
de que había sucumbido
en Velilla[36] el trovador,
desesperada, llorosa...

Nuño. ¿Y no hay medio, don Guillén?..

Guillén. Ninguno; ni ya está bien...

Nuño. ¿Decís que aún no es religiosa?

Guillén. Pero lo[37] será muy luego.

Nuño. Iré yo a verla, yo iré;
si es fuerza, la rogaré...

Guillén. Despreciará vuestro ruego.