Manrique. Déjame, Ruiz;
ya para mí no hay consuelo.
¿Por qué me dio vida el cielo
si ha de ser tan infeliz?
Ruiz. ¿Mas qué causa pudo haber
para que así consagrara
tanta hermosura en el ara?
Mucho debió padecer.
Manrique. Nuevas falsas de mi muerte
en los campos de Velilla
corrieron, cuando en Castilla
estaba yo.
Ruiz. De esa suerte...
Manrique. Persiguiéronla inhumanos
que envidiaban nuestro amor,
y ella busca al Redentor
huyendo de sus tiranos.
Si supiera que aún existo
para adorarla... No, no...
Ya olvidarte debo yo,
esposa de Jesucristo...
Ruiz. ¿Qué hacéis? Callad...
Manrique. Loco estoy...
¿Y cómo no estarlo ¡ay cielo!
si, infelice, mi consuelo
pierdo y mis delicias hoy?
No los perderé; Ruiz,
déjame.
Ruiz. ¿Qué vais a hacer?
Manrique. Pudiérala acaso ver...
con esto fuera feliz.
Ruiz. Aquí el locutorio está.