Azucena. No sé...
por el mundo; una gitana
por todas partes camina,
y todo el mundo es su casa.

Nuño. ¿No estuvisteis en Aragón
nunca?

Azucena. Jamás.

Jimeno. ¡Esa cara!

Nuño. ¿Vienes de Castilla?

Azucena. No;
vengo, Señor, de Vizcaya,
que la luz primera vi
en sus áridas montañas.
Por largo tiempo he vivido
en sus crestas elevadas,
donde, pobre y miserable,
por dichosa me juzgaba.
Un hijo solo tenía,
y me dejó abandonada;
voy por el mundo a buscarle,
que no tengo otra esperanza.
¡Y le quiero tanto! El es
el consuelo de mi alma,
Señor, y el único apoyo
de mi vejez desdichada.
¡Ay! Sí... Dejadme, por Dios,
que a buscar a mi hijo vaya,
y a esos hombres tan crueles
decid que mal no me hagan.

Guzmán. Me hace sospechar, don Nuño.

Nuño. Teme, mujer, si me engañas.

Azucena. ¿Queréis que os lo jure?

Nuño. No;
mas ten cuenta que te habla
el Conde de Luna.