Leonor. ¿Y don Manrique?

Ruiz. Aún reposando está.
(Leonor hace una seña, y se retira Ruiz.)

Leonor. Duerme tranquilo,
mientras rugiendo atroz sobre tu frente
rueda la tempestad, mientras llorosa
tu amante criminal tiembla azorada.
¿Cuál es mi suerte? ¡Oh Dios! ¿Por qué tus aras
ilusa abandoné? La paz dichosa
que allí bajo las bóvedas sombrías
feliz gozaba tu perjura esposa...
¿Esposa yo de Dios? No puedo serlo;
jamás, nunca lo fui... tengo un amante
que me adora sin fin, y yo le adoro,
que no puedo olvidar sólo un instante.
Y con eternos vínculos el crimen
a su suerte me unió... nudo funesto,
nudo de maldición que allá en su trono
enojado maldice un Dios terrible.

ESCENA VI

Leonor y Manrique

Leonor. ¡Manrique! ¿Eres tú?

Manrique. Sí, Leonor querida.

Leonor. ¿Qué tienes?

Manrique. Yo no sé...

Leonor. ¿Por qué temblando
tu mano está? ¿Qué sientes?