Leonor. Si necesitas mi sangre,
aquí la tienes.
Manrique. ¡Leonor!
¡Qué desgraciada en amarme
has sido! ¿Por qué, infeliz,
mis amores escuchaste?
¿Y no me aborreces?
Leonor. No.
Manrique. ¿Sabes que presa mi madre
espera tal vez la muerte?
¡Venganza infame y cobarde!
¿qué espero yo...?
Leonor. Ven... No vayas...
Mira, el corazón me late,
y fatídico me anuncia
tu muerte.
Manrique. ¡Llanto cobarde!
Por una madre morir,
Leonor, es muerte envidiable.
¿Quisieras tú que temblando
viera derramar su sangre,
o si salvarla pudiera
por salvarla no lidiase?
Leonor. Pues bien, iré yo contigo;
allí correré a abrazarte
entre el horror y el estruendo
del fratricido[82] combate.
Yo opondré mi pecho al hierro
que tu vida amenazare;
sí, y a falta de otro muro,
muro será mi cadáver.
Manrique. Ahora te conozco, ahora
te quiero más.
Leonor. Si tú partes,
iré contigo; la muerte
a tu lado ha de encontrarme.
Manrique. Venir tú... no; en el castillo
queda custodia bastante
para ti... ¿Escuchas? Adiós.
(Suena un clarín.)
El clarín llama al combate.