Nuño. Dejadme solo un instante.
ESCENA IV
Don Nuño, después Don Lope
Nuño. Leonor, al fin en tu amante
tu desdén voy a vengar.
Al fin en su sangre impura
a saciar voy mi rencor;
también yo puedo, Leonor,
gozarme de tu desventura.
Fatal tu hermosura ha sido
para mí, pero fatal
también será a mi rival,
a ese rival tan querido.
Tú lo quisiste; por él
mi ternura despreciaste...
¿Por qué, Leonor, no me amaste?
Yo no fuera tan cruel.
Ángel hermoso de amor,
yo como a un Dios te adoraba,
y tus caricias gozaba
un oscuro trovador.
Harto la suerte envidié
de un rival afortunado;
harto tiempo despreciado
su ventura contemplé.
¡Ah! Perdonarle quisiera...
no soy tan perverso yo.
Pero es mi rival... no, no...
es necesario que muera.
Lope. Vuestras órdenes, Señor,
se han cumplido; el reo espera
su sentencia.
Nuño. Y bien, que muera,
pues a su Rey fue traidor.
¿A qué aguardáis?
Lope. Si así os plugo[87]...
Nuño.. ¿No fue perjuro a la ley
y rebelde con su Rey?
Pues bien, ¿qué espera el verdugo?
Esta noche ha de morir.
Lope. ¿Esta noche? ¡Pobre mozo!
Nuño.. Junto al mismo calabozo...
¿entendéis?