Nuño. Que le mire espirar.
Azucena. Una palabra, un secreto terrible; haz que suspendan el suplicio un momento.[94]
Nuño. No; llevadla.
(La toma por una mano y la arrastra hasta la ventana.)
Ven, mujer infernal... goza en tu triunfo. Mira el verdugo, y en su mano el hacha que va pronto a caer...
(Se oye un golpe que figura ser él de la cuchilla.)
Azucena. ¡Ay! ¡Esa sangre!
Nuño. Alumbrad a la víctima, alumbradla.
Azucena. ¡Sí, sí... luces... él es... tu hermano, imbécil!
Nuño. ¡Mi hermano, maldición!...