contemplan impasibles el amplio firmamento;
y si les llega en sueños, como un rumor distante,
clamor de mercaderes de muelles de Levante,
no acudirán siquiera a preguntar: “¿Qué pasa?”
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos, desprecia cuanto ignora.
El Sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana.
—Ya irán a su rosario las enlutadas viejas.—