Abierto el portón, entróse

a caballo el caballero

y echó pie a tierra. Venía

todo de nieve cubierto.

En brazos de sus hermanos

lloró algún rato en silencio.

Después, dió el caballo al uno,

al otro capa y sombrero,

y en la estancia campesina

buscó el arrimo del fuego.