no quedan ya ruiseñores;
enmudeció la cigarra.
Las últimas golondrinas,
que no emprendieron la marcha,
morirán, y las cigüeñas,
de sus nidos de retamas,
de torres y campanarios,
huyeron.
Sobre la casa
de Alvargonzález, los olmos
no quedan ya ruiseñores;
enmudeció la cigarra.
Las últimas golondrinas,
que no emprendieron la marcha,
morirán, y las cigüeñas,
de sus nidos de retamas,
de torres y campanarios,
huyeron.
Sobre la casa
de Alvargonzález, los olmos