la hoz de plata en su mano.
Después irguióse y, volviendo
el rostro, dió algunos pasos
por el huerto, sin mirarme,
y a poco lo vi encorvado
otra vez sobre la tierra.
Tenía el cabello blanco.
La Luna llena brillaba,
y era la huerta un milagro.
la hoz de plata en su mano.
Después irguióse y, volviendo
el rostro, dió algunos pasos
por el huerto, sin mirarme,
y a poco lo vi encorvado
otra vez sobre la tierra.
Tenía el cabello blanco.
La Luna llena brillaba,
y era la huerta un milagro.