vosotras, amigas viejas,

me evocáis todas las cosas.


ELEGÍA DE UN MADRIGAL

Recuerdo que una tarde de soledad y hastío,

¡oh tarde como tantas!, el alma mía era,

bajo el azul monótono, un ancho y terso río

que ni tenía un pobre juncal en su ribera.

¡Oh, el mundo sin encanto, sentimental inopia

que borra el misterioso azogue del cristal!