¡Oh, el alma sin amores, que el Universo copia
con un irremediable bostezo universal!
* * *
Quiso el poeta recordar, a solas,
las ondas bien amadas, la luz de los cabellos,
que él llamaba en sus rimas rubias olas.
Leyó... La letra mata: no se acordaba de ellos...
Y un día—como tantos,—al aspirar un día
aromas de una rosa que en el rosal se abría,
brotó como una llama la luz de los cabellos,