Por fortuna, no ya los historiadores más autorizados, sino los padres mismos del descubrimiento, á quienes hay que suponer mejor enterados de los hechos que el novísimo autor de las Gestas Catalanas, nos han dejado abundantes y concluyentes testimonios para saber á qué atenernos en la materia, de la manera más evidente y positiva. Á un lado historiadores y críticos. Interroguemos directamente á Colón y á los Reyes Católicos.

El conquistador de Granada, en su testamento, otorgado el 20 de Enero de 1516, al instituir heredera de sus reinos de la Corona de Aragón á su hija Doña Juana, no comprende entre ellos en modo alguno las islas y tierra firme del mar Océano, esto es, el Nuevo Mundo. Sin duda no pertenecía, ni en todo ni en parte, á su Corona aragonesa, cuando no lo menciona. No cabe atribuirlo á olvido, porque no los hay de tanta monta, ni menos aún en documentos de esta clase.

En cambio su egregia esposa, la magnánima Reina de Castilla, en su testamento, fechado en Medina del Campo el 12 de Octubre de 1504, habla de las islas y tierra firme del mar Océano como parte integrante de sus reinos de Castilla. Y ¿por qué? Sea la gloriosa Reina quien nos responda. «Por quanto..... fueron descubiertas e conquistadas á costa destos Regnos e con sus naturales dellos.»

Véase, pues, cuánta verdad encierra la vieja letra:

Por Castilla y por León

Nuevo Mundo halló Colón.

Ó esta otra, no menos exacta:

Á Castilla y á León

Nuevo Mundo dió Colón.

¿Á qué intentar hoy reformarlas, contra toda verdad y justicia?