Y al subir á mi caballo
Me servirás por estribo.
En ocasiones semejantes, Orbea suele abandonar el culteranismo y hablar el lenguaje propio de los afectos del alma. No así en las descripciones y relatos, en los cuales vierte el caudal de sus tinieblas, como, pongo por caso, en la relación que hace Tundama de su victoria sobre los popayanos, que es larga y tenebrosa como noche de invierno.
Para concluir, La Conquista de Bogotá es una de tantas comedias de descubrimientos y conquistas, en las cuales ni éstas ni aquéllos se nos muestran con la verdad y poesía que tuvieron. Toda la realidad y la vida con que aparecen en los monumentos históricos, desaparecen al ser convertidas en alegorías artificiales, batallas de teatro ó enredos de damas y galanes, ni más ni menos que en las comedias de capa y espada.
Digámoslo de una vez: los hechos del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo no caben en el teatro. Caben, sí, en la Historia, que puede presentarlos en su propia grandeza y con su natural hermosura.
EL ALFÉREZ DOÑA CATALINA DE ERAUSO
El Capitán Miguel de Erauso, vecino de San Sebastián, á fines del siglo XVI y principios del XVII hubo en su mujer María Pérez de Galarraga tres hijos, militares los tres, otras tantas hijas, todas monjas profesas, y, además, el sér extraño vulgarmente conocido con el nombre de La Monja Alférez, militar como sus hermanos, monja como sus hermanas, en el claustro Soror Catalina de Erauso, y en los ejércitos de Chile y el Perú Alonso Díaz Ramírez de Guzmán.
La existencia de este fenómeno antropológico consta del modo más auténtico en documentos y testimonios fehacientes de su época. Hablan de tan singular mujer: el Dr. Isasti, en su Compendio histórico de la Provincia de Guipúzcoa; el maestro Gil González Dávila, en su Historia de la vida del ínclito monarca, amado y santo Don Felipe III; Pedro de la Valle, el Peregrino, en Carta á Mario Schipano, fechada en Roma el 11 de Julio de 1626, y otros textos de menor importancia, escritos, como los anteriores, en vida de la célebre Monja.