JUICIO RAZONADO
SOBRE LOS ACONTECIMIENTOS
DE EUROPA,
SITUACION DEL
SUMO PONTÍFICE,
Y TAMBIEN SOBRE
la ventajosa posicion en que se encuentra la España, respecto del resto de Europa; con una esplicacion de las bases en que descansa el Principio Parlamentario, la necesidad de su rigorosa observancia por los partidos legales, para que el tránsito del poder, de un partido á tro, sea el gran vínculo que consolide nuestras Instituciones; la perfeccion posible y práctica del Gobierno representativo.

POR
D. Antonio Villarragut y Aquiriano,
ABOGADO DEL ILUSTRE COLEGIO DE ESTA CORTE.

MADRID:
Imp. de Agustín Espinosa y Compañía.
1849.

CUESTION DE EUROPA
Y SITUACION
DEL SUMO PONTIFICE.

La revolucion política que se verifica en esa porcion de Europa y que ha conmovido hasta los mas hondos cimientos del edificio social de los pueblos que se regían antes por gobiernos absolutos, es indudable que sobre ser violenta y fuera de su cauce legítimo no está conforme ni con las costumbres ni con las luces, ni menos con lo que reclama la actual civilizacion europea que demanda la tregua y espacio que debe mediar de las ideas antiguas á las nuevas, para que su desarrollo progresivo, natural, legítimo, y por las vías legales sea la garantía de su duracion, fuerza y resulte en provecho de la sociedad. Pero tambien es cierto que este cambio, mas tarde, mas temprano, ya de un modo, ya de otro, forzosamente había de haber tenido su cumplimiento.

Las naciones, como los individuos, tienen diferentes edades, infancia, virilidad y senectud, y la forma de gobierno con que se rigen ya monárquicos, aristocráticos, constitucionales ó republicanos, debe ser la espresion de los diferentes grados de madurez de la educacion y espíritu de los pueblos; caminan siempre á su nivelacion; á su regeneracion política; pero no apresuran el paso á medida del nuestro, asi como no se desprende la fruta del árbol cuando sentimos hambre, ni viene hácia nosotros el agua cuando sentimos sed, y se asemejan á las sombras del Dante que marchan paso á paso hácia su prosperidad, y no se detienen aun en medio de su felicidad. Una reforma lenta y constante lejos de relajar los vínculos sociales, los fortalece; lejos de disolver la sociedad, la consolida, y como toda innovacion sustancial debe introducirse de un modo progresivo, para que sea saludable, otra mente no es reforma, sino revolucion. La precipitacion produce ordinariamente resultados opuestos y contrarios.

Sin ir mas lejos tenemos la Francia, esa nacion guerrera y belicosa por carácter, sedienta de gloria, ha atravesado todas sus faces, desde la asamblea constituyente, el consulado, el imperio, la restauracion, la revolucion de julio, y últimamente los sucesos de febrero, que produjeron su constitucion en república, con admiracion y sorpresa hasta de los republicanos de la víspera. Mas ni debe servir de ejemplo, ni la situacion de Francia puede compararse con el resto de Europa, en la que lo único que parece puede prosperar como forma de gobierno es la monarquía constitucional cimentada en sólidas bases, apoyada en la sana moral, en la buena política, en el amor del pueblo, con un gobierno sábio, barato y fuerte, que reprima las facciones y haga observar estrictamente las leyes, que es lo que exige el estado de la civilizacion de Europa.

Debemos esperar como corolario lógico de los principios sentados del espíritu de la época, y en vista de la reaccion saludable que sigue á toda accion, que los principios de órden, libertad y justicia, recobren su imperio, mucho mas cuando vemos que los hombres que han representado un papel importante en los últimos acontecimientos, comienzan á retirarse y á entrever el abismo á donde precipitaban á su patria; y es tal el convencimiento de este resultado, que se puede vaticinar que el desenlace de ese gran drama político cuyo espectáculo contemplamos, sea el que voy á compendiar en una sola frase: Que se ha roto el equilibrio europeo, basado en los tratados de 1815, para establecer otro mayor en la solidaridad natural que une á los pueblos libres, tomando por base y punto de partida, como forma de gobierno la monarquía constitucional, y como punto de apoyo y símbolo permanente de órden y seguridad el Sumo Pontífice en Roma, y como garantía para la paz y tranquilidad de Europa, mejor diré del mundo, á Pio IX en la capital de la iglesia universal, en la ciudad eterna, en ese salon de Europa que será siempre un centro importantísimo de los negocios, por la especie de eco que posee, que revela los secretos del mundo, y estiende sus relaciones hasta lo infinito. Papa reformador y á la par conservador celoso de la nacionalidad italiana, varon grande y santo; ese hombre verdaderamente inesperado, tan sábio como piadoso, que á la vez reúne la hermosa cualidad de un carácter noble, firme y prudente, ha verificado el mas grande acontecimiento de este siglo. Y para ello la cristiandad aguardaba un padre que comprendiese los nuevos intereses de la humanidad, que los acogiera con su mano pacífica y pontifical, que los levantase del suelo en cierto modo hasta igualarlos con la religion, pues los intereses de la iglesia son los intereses de la humanidad, y los de la humanidad son los intereses de la iglesia, y asi como la sociedad moderna es la espresion de las necesidades de la sociedad, tambien es la espresion de las necesidades de la iglesia, siendo tal el sentimiento de esta verdad, que el restablecimiento de la buena armonía entre las nuevas sociedades, las sociedades civiles y morales, las creencias superiores y eternas, que todos los esfuerzos de la iglesia católica se han dirigido hace mucho tiempo á este fin, que se malograba por causas de esos hombres ciegos, que imbuidos en las ideas radicales pretendían verificar una fusion entre el catolicismo y los principios que profesaban, doctrinas y hombres que fueron rechazados por la gran masa de los creyentes católicos, y con sobrada razón, porque ei radicalismo, ese nuevo catecismo, esa moderna religion democrática, su espíritu dominante, es el espíritu demagógico y la voluntad de escitar las malas pasiones, y la subversion de todos los principios elementales en que descansa la sociedad, como la religion, la moral, el derecho, la propiedad, el templo, la familia, el Estado; en fin, todos los grandes principios de autoridad, de justicia y de órden, pretenden destruir los hombres de esa escuela esencialmente atea. ¡El liberalismo es el respeto del hombre! El radicalismo es su desprecio! El liberalismo respeta el derecho de las minorías, el radicalismo las absorve, pero no es posible que puedan levantar la cabeza ante la reprobacion general y el sentimiento repulsivo de que son objeto. La iglesia obtuvo lo que deseaba. Ha tenido la buena fortuna de poseer un gefe que ha llevado á cabo la gran reconciliacion entre el poder eclesiástico y las sociedades temporales, la reconciliacion de la sociedad moderna con la iglesia, y por consiguiente, la reconciliacion de la humanidad con la misma. Este era el interés capital y dominante de nuestra época. Un gefe que ha comprendido las necesidades, los sentimientos, los intereses de las sociedades modernas, y ha sabido utilizarlos, que ha destruido el muro de division que se habia levantado entre la religion y la política, pues millones de católicos tenian por sinónimo el nombre de irreligion, con el de novedad, el de reforma sinónimo de destruccion, confundían en fin la libertad con la licencia.

Y á la vista de los hombres de Estado, los dos hechos mayores en moral y en justicia que se han efectuado en este siglo. El primero cuando el Papa Pio VIl fué á París á consagrar á Napoleon y ratificar el Concordato, quien ardientemente lo deseaba, repitiendo de continuo; «Prefiero la reconciliacion con el Papa a cien victorias. Con su reconocimiento nuestras conquistas ofrecerán menos dificultades y serán mas durables, y encargaba á Mr. Cacault (ministro de la República en Italia), que tratase al Sumo Pontífice como si tuviese doscientos mil hombres sobre las armas, pues deseaba mas ser el salvador de la Santa Sede que hallarse en disidencia.» Palabra eminentemente característica de un soldado que valúa en moneda militar todas las influencias.

A este celebre hecho social y religioso, debe la Francia el restablecimiento del catolicismo. El segundo cuando el Papa Pio IX consagró con su conducta lo que era conforme á la justicia, y á la moral, y al interes de las creencias católicas, y lo hizo por su propio motu soberano con entera libertad é independencia, y por conservar en plena libertad el ejercicio de la potestad suprema de la Santa Sede; y el depósito de la fé, que Dios le había confiado, se ha sustraído á la violencia que contra S. S. se ejercia, y se trasladó accidentalmente á Gaeta, conservando intacto su depósito. El Redentor le puso en sus manos el depósito sagrado de la fé, y le impuso la obligacion de una vigilancia continua, para conservar intacto este precioso depósito. Depositum custodi. Le dijo como al profeta Isaías. Id y pon un centinela que os señalará todo lo que quiera. Este centinela es el Sumo Pontífice en Roma, que debe tener siempre los ojos abiertos sobre los errores que se esparcen en el horizonte de la iglesia, sobre las opiniones que se manifiestan, sobre las perniciosas doctrinas que se publican. El guardian de la verdad debe ser infatigable en su vigilancia, incorruptible en su fidelidad. «Como mi padre me ha enviado, yo os envió,» hé aqui el fundamento de la iglesia. Sicut missi me Pater, ego mito vos.