Es necesario que la oposicion, fuera de ciertas cuestiones de interes material y general, sea sistemática, y que los hombres representen principios. La oposicion llamada de conciencia es impotente, la conciencia puede fallar sobre un hecho moral, pero no juzga de un hecho intelectual; le es forzoso seguirla voz de un gefe que estime las buenas y deseche las malas leyes. El diputado que funda su voto siempre en la conciencia, y lo introduce en la urna, tiene por necesidad que andar vacilante entre los partidos, y se ve precisado á roer sin freno, á votar tambien según la ocasion en favor del ministerio, ó á hacerse el magnánimo con la rabia en el alma. Mientras la Inglaterra ha ido bien, nunca ha tenido mas que una oposicion sistemática deducida de los principios adoptados por profundas convicciones, cada cual entraba y salia con sus amigos, y al dejar el ministerio, se sentaba en el banco de los que atacaban, como que se retiraba por no haber querido adoptar un sistema que quedaba cerca de la corona y debía ser combatido necesariamente; y como los hombres solo representan allí principios, la oposicion sistemática solo quería triunfar de estos cuando daba el sallo á los hombres. ¿Y por qué no ha de suceder lo mismo en España que no cede á nadie en sensatez y generosidad? que no cede tampoco á ninguna potencia en hombres eminentes, en todas carreras, en todos partidos, talentos privilegiados, almas grandes que mantienen el equilibrio del mundo, que llevan en su seno la paz ó la guerra, el porvenir de la monarquía que les está Confiada. ¿No es ya tiempo que gocemos de los beneficios que proporciona la civilizacion, y bien entendida libertad é independencia, por la que tanta sangre se ha derramado en el espacio de treinta años? Hagamos alto, bastémonos á nosotros mismos, sepamos esperar, paciencia hasta para la gloria, dar tiempo al principio que trabaja para asimilar la mayor parte de Europa á nuestra semejanza, y consuélense todas las opiniones, que los partidos tienen sus épocas y es necesario respetarlas; lo contrario es el suicidio, porque una violencia produce otra mayor. Nosotros ya hemos vivido, procuremos una existencia feliz a los que nos sucedan, que tambien viviremos, sí, viviremos en los dulces recuerdos de nuestras generaciones futuras. Acordémonos que la historia pronunciará nuestra sentencia, y que la suya será la de los siglos; la verdad moral la verdad real: el producto total de una época entera.

El sentimiento de órden y de reposo que desea la España dá mucha consistencia al poder, y hasta en cierto modo suple el prestigio que tantas oscilaciones le han hecho perder.

Los adelantamientos de la industria y del comercio dan cada dia mas peso á las clases medias y hasta el instinto de la propia conservacion, y el anhelo de gozar cada uno sosegadamente del fruto de su trabajo apiñan á la nacion al derredor del trono como símbolo permanente de órden y seguridad.

Inauguremos pues la política de la paz, é inauguremos al mismo tiempo la política del trabajo agrícola é industrial, manufacturero y comercial. Entremos en una era esencialmente industrial y agrícola, que dirija toda la actividad del pais hácia las mejoras prácticas, ábranse caminos, pónganse en circulacion los grandes capitales, porque sin el valor del dinero no hay nada, mézclense en grandes empresas con que les brinda el pais como la mejor garantía de prosperidad. En tiempo de paz las fuerzas no disminuyen, son todas fecundas, porque son aplicadas á la conservacion y engrandecimiento de la pública felicidad. Con la paz se dá un alimento nuevo. La lucha no cesa, cambia solamente, combate la naturaleza en el mejoramiento agrícola é industrial, y la actividad de los pueblos rivales en las mejoras comerciales; lucha santa, guerra fecunda y civilizada porque tiene por objeto mejorar la condicion de todos y el cumplimiento de las leyes providenciales de reabilitacion que siguen á la naturaleza humana.

En tiempo de guerra no hay mas que soldados que luchan, en tiempos de paz todo se pone en movimiento, todo opera, inteligencia, capitales, cabeza, brazos, la gran mezcla del trabajo absorve todo lo que Dios pone en juego de fuerzas vivientes ó muertas en la creacion despues el génio del hombre de estado que comunica y realiza las reformas. Hé aquí el glorioso monumento de la paz, y hé aquí tambien el modo de que todos contribuyamos á que se cicatricen las llagas que ha dejado la revolucion, y á que esta nacion sea grande, poderosa, feliz y civilizada; esta nacion que eclipsó la gloria del gran coloso que tendía nada menos que á ceñirse la corona del mundo, que al ostentar su poder se vanagloriaba de tener sesenta millones de vasallos, un millon de soldados, cienmil caballos, número de fuerzas que jamas tuvieron los romanos, pues este héroe del siglo XVIII dice en su memorial de Santa Elena, lo que no dudo quedará grabado en el corazon de todo español: «La guerra de España me privó de recursos, de mi influencia en Europa, y fué la causa de todas mis calamidades; esta es la España.»

FIN.