Los grandes principios del derecho público que constituyen un pueblo libre han dejado de pertenecer al dominio de las teorías abstractas, llegando á ser entre nosotros hechos prácticos cotidianos; y si las demas naciones tenian su pensamiento político que realizar, su gran problema que resolver, y que se hallan realizando y resolviendo, nosotros lo habíamos ya realizado y resuelto después de treinta y ocho años de lucha, combatida nuestra patria por tan contrarios destinos.

Estamos en plena posesion de los dos principios que sirven de garantia á la paz y de seguridad á los grandes intereses de la nacion; trono y constitucion, estas dos cúpulas del cuerpo social y político que en su alto punto de vista se reduce á que la corona es inviolable porque su inviolabilidad descansa sobre la responsabilidad de los consejeros responsables; que el rey no puede mandar nada sin sus ministros, hé aquí lo que constituye la independencia del ministerio. Los ministros tienen que contar con las córtes, hé aquí lo que constituye la libertad del pais, y lo que asegura á la voluntad pública una preponderancia cierta en los negocios. Y el acuerdo del rey el ministerio: y las córtes, forma lo que se llama monarquía constitucional, y la Constitucion la garantía de lodos los derechos, y la prenda de todos los adelantos. Tenemos la religion católica que profesamos mas completada que en la constitucion de 1812. La votacion de los impuestos, la eleccion de electores y elegibles aplicada muy universalmente, el derecho de peticion, la instruccion primaria asegurada para todos, las diputaciones provinciales, los ayuntamientos populares, que ejercen la magistratura doméstica de los pueblos, la igualdad ante la ley. Tenemos la libertad de imprenta, esa segunda libertad del género humano, esa formidable palanca que vió la luz en los brazos de Gutemberg; cuya arma defensiva se recibe de manos de la constitucion que debe esgrimirse con valor en contra de los escesos de la libertad salvaguardia y centinela avanzada del gobierno representativo, y tan necesaria para la organizacion y desarrollo moral de los pueblos, como para su organizacion política, que limitándose á combatir las ¡deas, y no los partidos, hablar de las cosas y no de las personas, á denunciar cualquier vicio de la administracion en donde se encuentre, que apoye los derechos que el hombre ha recibido de la naturaleza y que deben protegerlos gobiernos; á saber, seguridad de personas y propiedades, libertad de industria y de comercio compatibles con los intereses locales, libertad de opiniones y conciencias; y cuando digo conciencias, no se entienda cultos porque la religion católica ha sido desde Recaredo, la única religion de los españoles; que alimenta con el vasto saber de los que la dirigen, los sentimientos de libertad y tolerancia que son los verdaderos caracteres mas felices de nuestro siglo, el movimiento de fraternal amistad y olvido que constituye la esencia del gobierno representativo; que tenga siempre presente que por el carácter indeleble que imprime tiene mas fuerza que la palabra, y asi es que los grandes escritores componen una parte muy esencial de la gloria de los grandes reinados y, ojalá llegase el dia en que el único freno de la imprenta fuese un público ilustrado; felices tiempos esclamaba Tácito en que sea permitido pensar como se habla y hablar como se piensa. La corona posee el derecho de conceder ó negar su sancion á los proyectos de ley llamado veto, de separar y nombrar libremente sus ministros; y al egercer esta prerogativa resuelve una cuestion de hombres, como las córtes al apoyarlos ó no, una cuestion de principios.

Posee tambien la incontestable de disolver las córtes, pero el ejercicio de esta facultad supone un pensamiento y un móvil, pues fuera absurdo imaginar que sin causa y sin una mira de conveniencia pública recurra la corona á nuevas elecciones antes del tiempo señalado por la Constitucion, cuando la fuerza de los parlamentos, como de los gobiernos, estriba en su larga duracion. Los primeros años de un gabinete son los mejores, pues en ellos se aprovechan las circunstancias que lo han hecho necesario; su condicion esencial es marchar con las mayorías; los gobiernos sábios y fuertes las dirigen, los débiles las obedecen. Una disolucion nunca tiene otro objeto que el de uniformar la opinion de los cuerpos colegisladores y la del gobierno, cuya divergencia, siempre es funesta á la nacion. Cuando la corona escoge un ministerio fuera de la mayoría de las córtes, debe ser consecuencia inmediata que se consulte la voluntad del pais y se vea si este aprueba y ratifica los fundamentos que el monarca tuvo para entregar los negocios públicos á la direccion de personas que no piensan como la mayoría de los representantes de la nacion.

En España el Estado lo representan los tres poderes. El legislativo, ejecutivo y la corona; de suerte que el monarca no puede decir como Luis XIV: «El estado soy yo» ni tampoco como Napoleon, que, evocando el recuerdo de aquel rey decia á los legisladores: «No os imagineis que sois vosotros los que representáis la grande nacion, es el ejército que me obedece, el senado que es enteramente mio, el consejo de estado precedido por mi: soy yo: yo solo soy la Francia.» Ni las córtes tampoco pueden decir como las constituyentes ó convencionales de Francia: «La nacion somos nosotros.»

Nuestra Constitucion concede grandes pre-rogativas á la corona para llevar adelante la grande idea dominadora en este siglo, cual es la de hermanar el órden con la libertad y conciliar la existencia de una monarquía sin despotismo, una aristocracia sin vasallaje, la democracia sin anarquía, la religion sin intolerancia, la filosofía, en fin, sin su espíritu disolvente. ¿Que podemos, pues, apetecer en la actualidad, sino el asegurar y desenvolver en sus legítimas consecuencias estas preciosas instituciones? Lo que hoy nos importa no es el conquistar la libertad, sino organizaría, dándole por base la unidad, la fuerza y la estabilidad perfecta del gobierno, el órden como la libertad, el respeto al poder, como todos los grados de la gerarquía, como el de las franquicias públicas, en cuanto puedan entenderse sin rebasar el límite sagrado que le ha puesto la ley, formando el espíritu público, que es la única garantía y mejor escudo de los ministros y de la perpetuidad de los gobiernos basta hermanar la idea del poder y del órden con la idea de la libertad y civilizacion.

Es necesaria la reconciliacion sincera de todas las opiniones, de todos los partidos del círculo legal, sin mas diferencia que las que den de sí las doctrinas, las que den de sí las votaciones; que se acaben para siempre las malas artes; procurar que el egoismo político no eslinga en los corazones el amor de la patria, porque las rivalidades del amor propio en almas elevadas no debe ser obstáculo á una alianza que reclamen los intereses del pais. Union hay en la muerte, ¿por qué no ha de haber en la vida? Adversarios en política: que cada uno defienda sus principios sobresaliendo su política; unidad en los grandes partidos; que estos elijan posiciones las mas dignas, celosos siempre de la dignidad y etiqueta que exige el debate, el homenaje que tributan los pueblos de Oriente á lo que llamamos luz de la razon; oposicion de principios; pues la oposicion es el eje del parlamento; pero esta oposicion, aunque apasionada, debe ser razonada y parlamentaria; pues donde hay hombres, hay pasiones; donde hay diputados, hay principios, y donde hay principios, hay trono, instituciones, nacion, porvenir, hay gloria, y la gloria política y literaria es la gloria de las glorias; y no olvidemos que si la seguridad esterior de un Estado consiste en la fuerza de las armas, la interior en la fuerza de las leyes, y la observancia de estas no puede depender sino de las costumbres, y unas y otras de la educacion; de este modo acabaremos de formar el órden social y político, para que cualquiera que sea el partido que tenga en su mano el governalle del Estado pueda dirigir mejor á la nacion en su estado normal; porque cuando los gobiernos se modifican y se suceden, segun lo demanden los intereses del pais materiales y morales, sin revoluciones, sin sacudimientos peligrosos, y solo por las vías legales y parlamentarias, entonces, y solo entonces, podremos decir que hemos llegado á poseer todas las ventajas del gobierno representativo; es el mejor temple de espada del afianzamiento y saneamiento de nuestras libertades, y entonces tendrá el poder una base política estable, sólida, de que carece, un pais falto todavía de espíritu público, de aficion á los intereses generales, colocado entre la fé que no tiene, y sometido á la accion disolvente del individuo; asi es que cambiado el poder del gobierno, se vá relajando hasta el punto de amenazar otra nueva crisis, y esto prueba que hay algo de vicioso en la constitucion de una sociedad que esperimenta conmociones casi periódicas: este es el pensamiento político que debe realizar la España, la fusion de los partidos con independencia y libertad en sus opiniones, dentro del círculo legal, y estricta observancia de fos reglas y prácticas que establece el principio parlamentario, indispensable para consolidar el órden y la libertad, para el engrandecimiento del pais, y hacer ver en el esterior que ha comprendido la posicion y lugar especial que este cataclismo universal, en este gran terremoto político, le ha deparado la Providencia como destinada á conciliar la libertad con el dogma, la tradicion con lo futuro, á que nuestra monarquía constitucional sea el modelo y sírva de núcleo y base á las monarquías constitucionales modernas. Para esto tambien es necesario que las mayorías parlamentarias con la corona formen nuestro único criterio político, y por consecuencia que sustituyamos los medios de inteligencia á los de fuerza material, que es lo que distínguelos gobiernos representativos de las monarquías absolutas. Es necesario que los hombres públicos vivan de su reputacion en la esfera política, como privadamente viven los ciudadanos de su honor en el hogar doméstico; porque los partidos han menester moralidad y prestigio para mantenerse y aspirar al porvenir, tiznan su moralidad, pierden su prestigio, y abdican su influencia cuando no se cuidan de vindicar su conducta y acrisolar su fama; porque la reputacion de un partido que deposita su fé en sus principios, en sus hombres y en sus medios, no es una hacienda suya, sino un patrimonio de la nacion, y el porvenir tiene un derecho áque la verdad sea esclarecida, y que la justicia aparezca vencedora. Mientras los partidos son legítimos, nadie puede negarles su porvenir próximo ó remoto, ni menos desconocer que tienen una vida propia, hija de la ley, hija de las ideas, cuyo poder es ciertamente incalculable; pero cuando renuncien á su fé, cuando en su símbolo político admiten ideas ó hechos absurdos, mueren y perecen á sus mismas manos.

Es necesario separar la cuestion de empleos de la política para que los partidos pierdan el único gérmen que encarece sus discusiones y sus reyertas. Procurar que la injusticia no se erija en derecho; que los empleos públicos dejen de ser presa del nepotismo y corrupcion, y que no se haga de ellos una moneda electoral, sino que se den al mérito, á la capacidad, sin reparar en si los pretenden. Bien al bien y mal al mal, y la nacion se mostrará agradecida.

Los partidos en su generalidad no pueden tener otro interés que la posesion del poder, y una vez moralizada la lucha, el afan de conquistar el gobierno cesa de ser un mal, es al contrario un estímulo para los talentos superiores, un premio para los corazones patrióticos, y una ventaja inmensa para la sociedad; y he dicho un estímulo para los talentos superiores, porque solo á ellos pertenece el poder, y asi vemos que la historia por compromisos de conciencia, que son por desgracia harto frecuentes, perdona, algunas veces el mal, cuando se encubre de gloria, pero no perdona nunca las medianías que abrigan ambicion. La direccion de la sociedad pertenece, por mas que se diga, á los hombres, cuya capacidad, moralidad é independencia sean probadas: el primer derecho de una gran nacion es el de ser gobernada de un modo digno de ella.

Es necesario que los partidos se formen esclusivamente de ideas y doctrinas, en donde se busque siempre lo mas conforme á la razon y el interés justo de la sociedad, dejando ancho campo donde los talentos superiores se disputen la prez y el triunfo que tanto halaga el amor propio literario, que es el primero de los amores propios, y hagan ver que todos los partidos son útiles y convenientes en los gobiernos representativos cuando sus discusiones se limitan á lides intelectuales, y solo de este modo encontrará la nacion buenos y fieles servidores; pues obrando siempre por profundas convicciones, acelerarán el descubrimiento de la verdad, para asegurar el triunfo pacífico de la razon. La Inglaterra, que se distingue por su orgullo nacional, lo debe sin duda á las pasiones que ha reprimido, á los enemigos que ha reconciliado y al carácter templado y amistoso que llevan siempre sus desinteresadas controversias.

Allí el vínculo del interés privado se estrecha con el de la sociedad por la misma organizacion de su gobierno, y asi el interés público es una pasion que domina todos los corazones y á cuya voz callan todas las afecciones y todas las miras que pudieran contrariarles de cualquier modo, y de este modo hacen ver que los partidos políticos existen sin daño de la sociedad.