—Daca aquella copa de oro e hínchela de vino y da de beber a mi truhan, y aun dile cómo yo bebí antes que él.
Los convidados que estaban a la mesa estuvieron muy atentos esperando lo que había de pasar.
Entonces yo, no espantado por cosa alguna, muy despacio y a mi placer, retorciendo el labio de abajo a manera de lengua, bebí toda aquella gran copa. Y luego, todos a una voz, con grande clamor me dijeron:
—Dios te dé salud, que tan bien lo has hecho.
En fin, que aquel señor, lleno de gran placer y alegría, llamó a sus dos criados que me habían comprado, y mandoles dar por mí cuatro tantos más de lo en que me habían comprado, y a mí diome a otro su criado, haciéndole primero un gran sermón, encomendándome mucho, el cual me criaba y trataba asaz humanamente, como a un su compañero. Y porque su amo lo tuviese más acepto, procuraba cuanto podía darme placer con mis juegos. Y primeramente me enseñó a estar a la mesa sobre el codo; después también me enseñó a luchar y a saltar alzadas las manos. Y porque fuese cosa muy maravillosa, me enseñó a responder a las palabras por señales. En tal manera, que cuando no quería, meneaba la cabeza, y cuando algo quería, mostraba que me placía bajándola, y cuando había sed, miraba al copero, y haciendo señal con las pestañas, le demandaba de beber.
Todas estas cosas fácilmente las aprendía y hacía, porque aunque nadie me las mostrara, las supiera muy bien hacer; pero temía que si por ventura, sin que nadie me enseñase, yo hiciese estas cosas como hombre humano, muchos, pensando que podría venir de esto algún cruel presagio o agüero, que como a monstruo y mal agorero me matarían y darían muy bien de comer conmigo a los buitres.
IV.
Cómo Lucio cuenta qué estado era el de su señor,
y cómo partió para la ciudad de Corinto.
Por todas partes corría ya la fama de cómo yo, con mis maravillosas artes y juegos, era muy placentero; por esta causa era mi señor muy afamado y acatado de todos. Cuando iba por la calle, decían:
—Este es el que tiene un asno que es compañero y convidado, que salta y lucha, y entiende las hablas de los hombres, y da a entender lo que quiere con señales que hace.