Las cuales cosas por mí guardadas derechamente con venerable abstinencia, ya que era llegado el día señalado y prometido para mi recepción, casi a la tarde, cuando el sol baja, he aquí donde vienen muchos compañeros vestidos al modo antiguo de vestiduras sagradas, y cada uno de ellos diversamente me daba su don. Entonces, apartados de allí todos los legos, y vestido yo de una túnica de lino blanco, el sacerdote me tomó por la mano, y me llevó a lo íntimo y secreto del sagrario.
Por ventura, tú, lector estudioso, podrás aquí con ansia preguntar qué es lo que después fue dicho o hecho o qué me aconteció, lo cual yo diría si fuese cosa conveniente el decirlo, y si no conociese que a ninguno conviene saberlo ni oírlo, porque en igual culpa incurrían las orejas y la lengua de aquella temerosa osadía. Pero con todo eso no quiero dar pena a tu deseo (por ventura religioso), teniéndote gran rato suspenso. Mas créelo, que es verdad. Sepas que yo llegué al término de la muerte, y hallando el palacio de Proserpina, anduve y fui traído por todos los elementos, y a media noche vi el Sol resplandeciente con muy hermosa claridad, y vi los dioses altos y bajos, y llegueme cerca y adorelos.
He aquí te he dicho lo que vi; lo cual, como quiera que lo has oído, es necesario que lo sepas. Pero aquello que sin pecado se puede manifestar y denunciar a las orejas de los legos, yo lo diré.
IV.
Lucio cuenta la entrada en la religión, y cómo fue a Roma donde fue ordenado en las cosas sagradas, y fue recibido en el colegio de los sacerdotes de la diosa Isis.
Otro día de mañana, acabadas las horas solemnes, salí vestido con doce vestiduras, que es hábito muy devoto y religioso, del cual puedo hablar sin prohibición alguna, mayormente que en aquel tiempo muchos que estaban presentes lo vieron.
Estaba en medio del templo sagrado, delante la imagen de la diosa, hecho un cadalso de madera, encima del cual yo estaba muy adornado de una vestidura, que era blanca de lino, pero de diversas flores pintada, que me colgaba de los hombros por las espaldas hasta los pies; ella era tan rica y preciosa, que de cualquier parte que la veían parecía de diversos colores, y muy adornada de animales en ella bordados. De una parte había dragones de las Indias, de la otra grifos hiperbóreos, que nacen y son criados en tierras muy ásperas, y tienen alas a manera de aves. A esta vestidura llamaban los sacerdotes estola olímpica.
En la mano derecha tenía yo un hacha encendida, y encima una hermosa corona resplandeciente, a manera de unas hojas de palma, alzadas arriba como rayos. En esta manera yo adornado, que parecía al Sol, y ataviado como una imagen, súbitamente alzaron la vela que estaba delante, y quedé descubierto en presencia de todo el pueblo.
Después de esto celebré muy solemnemente la fiesta de mi profesión, hice convite de muy suaves manjares y otros placeres y fiestas, que duraron tres días, así en lo que pertenecía a la honesta y religiosa comida, como en todas las otras cosas que eran necesarias a la solemnidad y perfección de mi entrada.
Después, continuando allí algunos pocos días, mi deseo y trabajo gozaba de aquel inestimable, por estar en servicio de la diosa, siendo prendado de tan grande beneficio.