Y diciendo esto llegué a la puerta de Milón, a la cual, como estaba muy bien cerrada, empecé a llamar.
En esto salió una mozuela de dentro, que me dijo:
—Oyes tú, que tan reciamente llamas a la puerta, ¿qué prenda traes para que te preste sobre ella dineros?
Yo le respondí:
—Mejor lo haga Dios conmigo; respóndeme si está en casa tu señor.
Ella dijo:
—Sí está; mas dime: ¿qué es lo que quieres?
Yo respondí:
—Tráigole cartas de Corinto, de su amigo Demeas.
Ella me dijo: