Cómo Lucio Apuleyo llegó a la ciudad de Hipata y fue a posar en casa de Milón, y lo que con Pitias le aconteció.
Llegando al primer mesón que hallé, pregunté a una vieja tabernera si conocía uno de los principales de aquel pueblo que se llamaba Milón.
La vieja respondió:
—Por cierto así es, que este Milón es el más honrado de su casa.
Yo le dije:
—Madre mía, dejemos burlas y dime en qué casa mora.
Ella respondió:
—¿Ves aquellas ventanas del cabo que están fuera de la ciudad, de frente una calleja sin salida? pues allí mora Milón, harto rico, y mayor avariento, y de baja condición, hombre infame y sucio, que no tiene otro oficio sino continuo dar dinero a usura, sobre buenas prendas de plata y oro; metido en una casilla pequeña, está siempre pensando en su dinero, con su mujer, compañera de tristeza y avaricia, y no tiene en su casa persona, sino una mozuela, y tanto es avariento, que anda vestido como un pobre hombre.
Cuando yo oí esto, reíme entre mí, diciendo:
—Por cierto, bien encaminado vengo de mi amigo Demeas, pues a tal hombre me envía para que me dé posada, en cuya casa ni habrá miedo del humo ni del olor de la cocina.