Y con esto me despedí de mi tía y de los más convidados. En el medio de la plaza un aire grande apagó el hacha que llevaba mi criado, de manera que con la oscuridad, tropezando me fui a casa, y llegando junto a la puerta, vi tres hombres que hacían fuerza por entrar dentro, y aunque nos veían, ni por eso dejaban de encontrar la puerta.
Yo que esto vi, eché mano a mi espada, y dando en ellos con buen corazón, los derroqué en el suelo uno a uno. Al ruido que yo hice bajó Andria y abriome la puerta; yo me entré de prisa por sentir gente que por la calle venía, y como estaba cansado y bien cenado, luego me eché a dormir sin curar de más nada.
LIBRO III.
ARGUMENTO.
Luego que fue de día, la justicia con sus ministros fueron a la posada de Apuleyo, y como a hombre homicida lo llevaron ante los jueces. — Y cuenta del gran pueblo y gente que se juntó a verlo. — Y de cómo el promotor fiscal le acusó como a hombre matador, y cómo él defendía su parte por argumentos de grande orador, y cómo vino una vieja que parecía ser madre de aquellos muertos a los cuales descubrió Apuleyo por mandato de los jueces, y hallaron tres odres, de donde se levantó tan gran risa entre todos, que con esto fue celebrada la fiesta del dios de la risa. — Cómo Andria, su amiga, le descubrió la causa de los odres. — Y cómo le mostró a la mujer de Milón cuando se untaba para tornarse en ave, de lo cual le tomó gran deseo, y por yerro de la bujeta del ungüento, por tornarse ave se volvió en asno; en fin, cuenta cómo robaron a Milón, de donde hecho asno le llevaron cargado, con otras bestias, de las riquezas de Milón su huésped.
I.
Cómo Lucio Apuleyo fue preso y llevado al teatro público, adonde fue acusado de la muerte de tres hombres.
Otro día de mañana yo desperté y comencé a pensar en lo que había hecho antenoche, y lloraba muy reciamente diciendo:
—¿Qué juez puedo yo hallar que me haya de dar por inocente siendo homicida de tantos hombres? Esta es aquella prosperidad de mi camino que el sabio Diófanes me decía.