Cómo Andria mostró a Lucio Apuleyo a su ama Pánfila cuando se untaba para convertirse en búho, y él, queriéndose untar por experimentar el arte, fue, por yerro de la bujeta del ungüento, convertido en asno.

De esta manera, pasadas algunas noches de placer, un día vino a mí corriendo Andria, medrosa y alterada, y díjome que, viendo su señora cómo con todas las otras artes que hacía no le aprovechaban para sus amores, deliberaba aquella noche tornarse en un ave con plumas, y así volar a su amigo deseado, por ende que yo me aparejase cautamente para ver cosa tan grande y maravillosa. Así que a la prima de la noche tomome de la mano, y con pasos muy sutiles, y sin algún ruido, llevome a la cámara alta, donde la señora estaba, y mostrome una hendidura de la puerta por donde viese lo que hacía. Lo cual Pánfila hizo de esta manera: Primeramente ella se desnudó, y, abierta una arquilla pequeña, sacó muchas bujetas, de las cuales, tirando la tapadera a una, sacó de ella un ungüento, con que se untó desde las puntas de los pies hasta la cabeza, y diciendo entre sí ciertas palabras, comenzose a sacudir todos sus miembros, de los cuales salieron poco a poco plumas; luego le salen las alas y el pico, y las uñas se encorvaron: en fin, que se tornó perfecto búho, y luego empezó a cantar aquel triste canto que ellos cantan, y después se salió volando por la ventana fuera.

Yo, que mirando estaba esto, quedé como hombre loco, y pensaba entre mí si estaba durmiendo o si estaba encantado, y porque tan gran hazaña me espantó mucho.

Tornando en mi seso, viendo lo presente cómo había pasado, rogué a mi Andria que me untase con aquel ungüento para tornarme en búho o en otra cualquier ave.

Ella dijo:

—¿Para qué me pides eso? ¿Quieres que yo misma encienda el fuego en que me queme? Veamos: tú hecho ave, ¿a dónde te iré a buscar, o cuándo te veré?

Yo le respondí:

—Los dioses me guarden de hacer contra ti cosa que te dé enojo. ¿Cómo, y aunque volase y subiese tan alto como el águila, no volvería muchas veces a mi nido? Yo te juro por este trenzado de tus cabellos, con el cual ataste mi corazón, que a persona del mundo no quiero más que a ti: por tanto, no receles de tornarme en ave, porque yo sabré muy bien tornar a ti. Mas te quiero preguntar si después de tornado en ave he de volver a ser Lucio como de antes.

Ella respondió:

—De eso no tengas temor, porque mi señora me enseñó todo lo que es menester para los que toman estas figuras poder tornar a su natural y forma primera; y esto no pienses que me lo mostró por quererme bien, sino porque cuando ella tornase, le pudiese dar medicina con que vuelva a su primera forma. Y mira con cuán poca cosa y cuán liviana se remedia tan gran cosa, con un poco de eneldo y hojas de laurel echado en agua de fuente, y con esto lavarla y darle a beber un poco, luego se convierte en su propia forma.