Cómo Psique se fue a presentar ante Venus por demandarle perdón, y los trabajos que con ella hubo.

De esta manera espantada Psique, viéndose desechada del favor de las diosas, determinó presentarse ante la diosa Venus, pensando que con esta humildad y obediencia la aplacaría. En este medio tiempo, Venus, enojada de andar a buscar a Psique por la tierra, determinó subir al cielo, y mandó aparejar su carro, el cual, Vulcano, su marido, muy sutil y pulidamente había fabricado y se lo había dado en arras de su casamiento, y luego a la hora salieron de su cámara cuatro palomas muy blancas, pusiéronse en orden para llevar el carro, y como Venus subió encima, comenzaron a volar alegremente, y tras el carro comenzaron a volar muchos pajaritos y aves que cantaban muy dulcemente, haciendo saber como Venus venía.

En esta manera llegó al palacio real de Júpiter, y con mucha osadía pidió que le mandase al dios Mercurio le ayudase con su voz, que había menester para cierto negocio.

Júpiter se lo otorgó, y mandó que así se hiciese.

Entonces ella, alegremente, acompañándola Mercurio, se partió del cielo y de esta manera habló a Mercurio:

—Hermano de Arcadia, tú sabes bien que tu hermana Venus nunca hizo cosa alguna sin tu ayuda y presencia, y ahora tú no ignoras cuánto tiempo ha que yo no puedo hallar a aquella mi sierva que se anda escondiendo de mí; así que ya no tengo otro remedio sino que públicamente tú pregones que le será dado gran premio a quien la descubriere. Por ende te ruego que hagas prestamente lo que te digo, y en tu pregón da las señas e indicios por donde manifiestamente se pueda conocer.

Diciendo esto, se fue a su casa.

No olvidó Mercurio lo que Venus le mandó hacer, y luego se fue por todos los lugares y ciudades pregonando que si alguno mostrare o prendiere a Psique, hija del rey y sierva de Venus, que anda huida, que le dará por ello muy grande premio.

De esta manera pregonando Mercurio, todos buscaban a Psique por ganar el hallazgo, la cual cosa oída por ella, luego a mucha prisa se fue a presentar al templo de Venus, y como llegó a las puertas del templo, salió a ella una doncella de Venus, que había nombre Costumbre, y como la vio, comenzó a dar grandes voces diciendo:

—Vos dueña, mala esclava, ya sentís que tenéis señora; no sabéis cuánto trabajo nos habéis dado, que andamos por todas las partes a buscaros. Pero bien está pues caísteis en mis manos; haced cuenta que caísteis en la cárcel del infierno, adonde para siempre jamás nunca podréis salir, y muy prestamente recibiréis la pena de vuestra gran contumacia y fiera rebeldía.