Entonces Júpiter tomolo por la barba, y trayéndole la mano por la cara, comenzolo a besar, diciendo:

—Como quiera que tú, señor hijo, nunca me guardaste la honra que se debe a los padres por mandamiento de los dioses, pero aun este mi pecho, en el cual se encierran y disponen todas las leyes de los elementos, y a las veces el de las estrellas, muchas veces lo llagaste con continuos golpes de tu amor, y lo ensuciaste con muchos lazos de terrenal lujuria, y lisiaste mi honra y fama con adulterios torpes y sucios contra las leyes, especialmente contra la ley Julia y la pública disciplina, transformando mi cara y hermosura en serpientes, en fuegos, en bestias fieras, en aves y en cualquier otro animal, con todo esto, recordándome de mi mansedumbre y que tú creciste entre estas mis manos, yo haré todo lo que tú quisieres, y tú te sepas guardar de otros que desean lo que tú deseas. Esto sea con una condición: que si tú sabes de alguna doncella hermosa en la tierra, por este beneficio que de mí recibes has de pagarme con ella la recompensa.

Después que esto hubo hablado, mandó a Mercurio que llamase a todos los dioses a concilio, y si alguno de ellos faltase, que pagase diez mil talentos de pena. Por el cual miedo todos vinieron, y fue lleno el palacio donde estaba Júpiter, el cual, asentado en la silla alta, comenzó a decir de esta manera:

—¡Oh dioses escritos en el banco de las musas! Vosotros todos sabéis cómo a este mancebo, que yo crié en mis manos, procuré de refrenar los ímpetus y movimientos ardientes de su primera juventud. Pero harto basta que él es infamado entre todos de adulterio y de otras corruptelas, por lo cual es bien que se quite toda ocasión y para esto me parece que su licenciosa juventud se debe atar con lazo de matrimonio. Él ha escogido una doncella, a la cual privó de su virginidad; téngala y poséala siempre y use de sus amores.

Y diciendo esto, volvió la cara a Venus y díjole:

—Tú, hija, no te entristezcas por esto; no temas a tu linaje, porque yo haré que este matrimonio sea igual al de los dioses.

Luego mandó a Mercurio que subiese a Psique al cielo; y como Mercurio la trajo, le dio Júpiter a beber del licor de los dioses, diciéndole:

—Toma, Psique, bebe esto y serás inmortal; Cupido nunca se apartará de ti, y este matrimonio durará siempre.

Dicho esto, no tardó mucho cuando vino la cena muy abundante, como a tales bodas convenía. Estaba sentado a la mesa Cupido junto a Júpiter, con su amada Psique, y por su orden todos los dioses. Ganímedes echaba el vino a Júpiter, como copero suyo, y a los otros Baco. Vulcano cocinaba la cena; las ninfas henchían de flores y rosas la sala donde cenaban; las musas cantaban muy dulcemente, y también Apolo con su vihuela.

De esta manera vino Psique en poder de su marido Cupido, y estando ya Psique en el tiempo del parir, nacioles una hija, la cual llamamos Placer.