Entretanto que yo tardaba en pensar y elegir cuál de estas muertes tomaría, a la mañana, aquel malvado mozo que me quería matar, me llevó a aquel monte donde solíamos traer leña, y allí atome muy bien del ramo de una grande encina; yo muy bien atado, él se fue un poco adelante con su hacha, para cortar la leña que había de llevar, cuando de una grande cueva que allí estaba salió una osa espantable, alzada, la cual como yo vi con su vista repentina, muy espantado y temeroso, colgué todo el peso del cuerpo sobre las corvas de los pies, la cerviz alta tiré cuanto pude. De manera que quebré el cabestro con que estaba atado, y eché a huir cuanto pude por allí abajo; no solamente corría con los pies, más con todo el cuerpo; medio tropezando salí por esos campos llanos, huyendo con grandísimo ímpetu de aquella grande osa, y del bellaco del mozo, que era peor que la osa.

Entonces un caminante que por allí pasaba, como me vio vagabundo y solitario, cabalgó encima de mí, y con un palo que traía en la mano comenzome a echar y guiar por otro camino que yo no sabía. Pero yo no iba contra mi voluntad, antes caminaba lo más que podía, por alejarme de aquella cruel carnicería de mis compañones, y tampoco me curaba mucho porque aquel me daba con el palo; porque yo estaba acostumbrado, que cada día me desollaban a palos; mas aquella fortuna cruel que siempre me fue contraria, no permitió que esto fuese adelante, antes ordenó otra cosa.

Aquellos mis pastores andaban a buscar una vaquilla que se les había perdido, y habiendo atravesado y andado por muchas partes, acaso encontraron con nosotros, y luego, como me conocieron, tomáronme por el cabestro, y comenzáronme a llevar; pero aquel otro resistía con mucha osadía, llamando ayuda y protestando la fe de los hombres, y el señorío que en mí tenía, diciendo:

—¿Por qué me robáis lo mío? ¿Por qué me salteáis?

Ellos dijeron:

—Tú dices que te tratamos descortésmente, llevando como llevas nuestro asno hurtado. Antes has de decir dónde escondiste el mozo que traía el asno, el cual tú mataste.

Y diciendo esto, dieron con él en tierra, y sacudiéronle muy bien de coces y puñadas, y él juraba que nunca había visto quién trajese el asno, mas que lo cierto era que él lo había hallado suelto y solo por ese camino, y que lo había tomado por ganar el hallazgo; pero que la verdad era que él tenía pensamiento de restituirlo a su dueño, y que pluguiese a Dios que este asno pudiera hablar, para que declarara y diera testimonio de su inocencia, porque cierto a ellos les pesara de la injuria que le habían hecho.

De esta manera, porfiando y defendiendo su causa, ninguna cosa le aprovechaba, porque los pastores, enojados, le echaron las manos al pescuezo, y así lo tornaron hasta aquel cerro donde el mozo acostumbraba hacer leña, el cual nunca pareció en todo aquel monte; pero al cabo hallaron su cuerpo desmembrado y despedazado, derramado por muchas partes, lo que yo entendía ser hecho por los dientes de la osa, y cierto yo dijera lo que sabía, si el hablar me ayudara.

Los pastores cogieron todos aquellos pedazos del cuerpo, y con mucha ansia los enterraron allí.

De esta manera, culpando a mi nuevo guiador, diciendo que era cruel, ladrón y matador, llevándolo bien preso y atado, tornáronle a sus casas y chozas, diciendo que al otro día siguiente lo llevasen ante los alcaldes para que le diesen la pena que merecía.